Anteayer, en La Vanguardia Digital, antes de colgar la primicia de la separación de Jaime de Marichalar y Elena de Borbón, una de las noticias que ocupaban lugar preferente en ese espacio era la de unas señoras que han decidido fotografiarse sin ropa para un calendario. Tratan de recoger dinero para construir un local en el que sus hijos puedan hacer actividades extraescolares.

Son siete madres de Serradilla del Arroyo, un pueblo de la provincia de Salamanca. Explica la agencia Efe que las mujeres "entienden que sus hijos tienen que tener las mismas oportunidades que otros a la hora de desarrollar actividades extraescolares". Por eso decidieron desnudarse. No sin cierto apuro: "Todas aseguran que al principio sintieron algo de pudor al posar, aunque reconocen que después la experiencia se convirtió en algo muy divertido. Las siete insisten en la idea de que no se trata de algo obsceno, sino de una iniciativa por el bien de sus hijos".

Lo de los calendarios con gente desnuda está llegando a un nivel tan gregario que da grima. En los albores de los tiempos lo que había era, en los talleres mecánicos, calendarios con mujeres con las tetas o el culo al aire. Después, a esos mismos calendarios se les dio un barniz de sofisticación. Las curvas generosas dieron paso a curvas de modelos y las fotografías pasaron a ser en blanco y negro, que queda más artístico.

Con la llegada de las causas nobles empezó el declive. Jugadores de deportes minoritarios (o mayoritarios pero de categorías modestas) se desnudaban en calendarios caseros. El objetivo era conseguir dinero para que el equipo no desapareciese. Luego fueron bomberos en lucha, enfermeros en lucha, maestros fresadores en lucha. Más tarde, universitarios para pagarse el viaje de fin de carrera. Hoy en día quien no aparece en un calendario de esos es que no es nadie. Y lo bueno es que, la mayoría de las veces, la desnudez de que alardean no se ve por ningún lado. En la foto que La Vanguardia Digital daba de las madres de Serradilla del Arroyo, se veía a una sobre un mostrador de panadería, contorsionada para no dejar ningún trozo de carne pecaminosa a la vista. Efe puntualiza que se trata de "un calendario erótico". De un calendario deplorable, diría yo más bien.

En casi todos sucede lo mismo. En teoría los fotografiados van en bolas, pero -a base de retorcimientos y de brazos que tapan- no se ve bola ninguna, ni siquiera un vivaz pezoncillo descontrolado. ¿Donde está, entonces, el atrevimiento? Lo mejor es cuando una de esas mujeres que se fotografían en poses tan osadas luego -en la oficina, en la carnicería, en casa- ponen el grito en el cielo cuando ven algún anuncio publicitario en el que una modelo espléndida enseña el muslo. "¡Basta ya de utilizar el cuerpo de la mujer! ¡No somos un objeto sexual!", dicen entonces. Y es verdad. No es objeto sexual quien quiere sino quien puede.