Mientras las empresas españolas instaladas en Venezuela, desde Telefónica a Repsol, pasando por BBVA, Santander, Mapfre, ACS, Abertis e incluso Prisa, se han dirigido al Gobierno para pedirle prudencia en el contencioso que enfrenta a España con Venezuela, a raíz del enfrentamiento del Rey con el presidente venezolano, Hugo Chávez, el Partido Popular, ahora, por boca del propio Rajoy, ha vuelto a pedir mano dura contra Chávez y su régimen...
Chávez, que está dando una de cal y otra de arena después del grave incidente en la última Cumbre Iberoamericana (ha insistido en que no quiere tener conflictos con el Rey y simultáneamente ha hecho un duro alegato contra la antigua metrópoli utilizando textos de Bernal Díaz del Castillo en su obra Historia verdadera de la conquista de la Nueva España), sigue insistiendo en que a él, que ha sido elegido democráticamente, no le calla nadie.
Moratinos, que en su intervención en el Senado al hacer el balance de la Cumbre de Chile insistió en que hay que recuperar la normalidad en las relaciones y que el embajador de Venezuela en Madrid le ha asegurado que Chávez está en esa misma posición, al igual que su ministro de Asuntos Exteriores, Nicolás Maduro, con el que ha hablado en tres ocasiones, rechaza por el momento tomar medidas drásticas como viene reclamando el Partido Popular, que ha convertido el contencioso en argumento electoral de consumo interno.
El presidente del PP, calificado como “excremento” por el locuaz Chávez, ha vuelto a pedir que el Gobierno llame a consultas al nuevo embajador de España en Caracas (que aún no ha presentado cartas credenciales) y ha acusado al Gobierno de ser “la viva imagen de la impotencia” porque lo único que hace ante las “agresiones” del presidente venezolano al Rey es “agachar la cabeza”.
Sin embargo, la posición de Rajoy no sólo no coincide con la del Gobierno, que quiere que cuanto antes se cierre el contencioso, sino que tampoco coincide con la posición del Palacio de la Zarzuela, preocupado por algunas reacciones negativas que se han producido en Iberoamérica tras el enfrentamiento con Chávez y que, como el Gobierno, desea que se olvide el incidente cuanto antes. En La Zarzuela, las últimas declaraciones de Chávez anunciando que está “sometiendo a una profunda revisión las relaciones políticas, económicas y diplomáticas” con España tras el incidente de la Cumbre en Santiago de Chile han causado una gran preocupación.
“Eso significa —ha dicho Chávez— que las empresas españolas van a tener que empezar a rendir cuentas y que yo voy a meterle el ojo a ver qué están haciendo aquí las empresas españolas.”
El Partido Popular, convencido de que el tema venezolano, después de la repercusión que ha tenido el “¿Por qué no te callas?”, tiene réditos electorales, sigue insistiendo en la política de mano dura a pesar de la oposición del empresariado, que quiere que se olvide el incidente y se restablezca la normalidad.
Venezuela, que está atravesando en estos momentos una situación crítica con la convocatoria de un referéndum el próximo mes de diciembre de reforma de la Constitución que ha producido una gran división interna, no sólo en el país, sino dentro del propio chavismo, como demuestran las declaraciones del ex vicepresidente venezolano José Vicente Rangel o las del general Baduel, el hombre que hizo fracasar el golpe de estado de Pedro Carmona, es uno de los países donde más peligro corren las inversiones españolas.
La inversión bruta española en Venezuela asciende a más de 129.000 millones de euros entre 1993 y junio del año 2007, según datos del Gobierno español. Aunque se han producido todo tipo de problemas, el sector bancario del país es controlado, más o menos, por la banca española, al tiempo que Telefónica es líder en el sector de móviles. Y Repsol, a pesar de numerosos problemas, ha aceptado el status quo establecido por Chávez...
De cualquier forma el contencioso hispano-venezolano debe servir al empresariado español para replantearse su presencia en Iberoamérica. Una presencia que tiene que conectar con las sensibilidades de los distintos países y, sobre todo, con las responsabilidades de empresas de este tipo en un Continente el que hay que realizar una labor a favor de la cohesión social, el tema estrella de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile.

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