Con sutileza y capacidad comunicativa, Felipe González dijo en cierta ocasión que los ex presidentes de Gobierno son como los jarrones chinos: todos los consideran muy valiosos pero en los reducidos pisos actuales nadie sabe dónde meterlos ni qué hacer con ellos.

El jarrón puede ir a parar al desván. No decora pero se salvaguarda la porcelana a la espera de tiempos mejores. El propio González asume voluntariamente esta función, lleva una vida discreta y se prodiga poco en declaraciones. Lo único llamativo es su relación con algún magnate del capitalismo mundial, lo que chirría en un ex líder socialista.

Adolfo Suárez en su pérdida de conciencia es recordado con cariño y admiración por la mayoría, mientras que Leopoldo Calvo Sotelo vive con tan extrema discreción como aparatosa fue la irrupción de Tejero y los suyos en el Congreso cuando iba a ser investido presidente. Pasqual Maragall, aún novel en su plaza de ex, nos apenó con su diagnóstico médico. Le deseamos fortaleza de ánimo, resiliencia, profundización espiritual y triunfo en su nuevo reto, de mayor enjundia que el de los JJ. OO.

En otros casos el jarrón no se esconde y, lo coloquen o no en lugar preferente, polariza la atención de visitantes e inquilinos. Ahí están Pujol y Aznar.

Jordi Pujol nunca fue habilidoso en el manejo de las tecnologías, pero su blog en Internet da que hablar casi semanalmente. El Centre d´Estudis Jordi Pujol, por su lado, aborda temas de fondo de la sociedad más allá de las marejadas y devaneos superficiales, destacando análisis sobre el nacionalismo o el reciente seminario Reflexiones y propuestas para una educación renovada.Además, el ex president avala los estudios de la Fundació Carulla sobre los valores y el día 27 de este mes presentará el primer tomo de sus memorias. Sobran motivos para coincidir o discrepar del pensamiento y la praxis política de Jordi Pujol, pero muchos le añoran a la vista del páramo de talento y carisma en que se ha convertido la política catalana, una sociedad huérfana de liderazgo.

De José María Aznar se puede decir casi cualquier cosa menos que está ausente. Al ciento por ciento le es aplicable aquel eslogan de "Se siente, se siente, (nombre del personaje) está presente" tan usado en las manifestaciones de la transición. José Mari suscita pasiones enconadas, adhesiones incondicionales, odios tribales. Cada aparición suya va seguida de rayos y truenos. El encono de Chávez y la actitud regia casi han hecho olvidar Cartas a un joven español presentado la semana pasada, su tercer libro desde que dejara la Moncloa. Pero la fábrica FAES no para de producir.

Sin emular a Plutarco trazando vidas paralelas ni analizar si la porcelana es china, de Sèvres o de la del Casón del Buen Retiro, lo indudable es que hay jarrones que dan juego años y años.