La Coctelera

Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos, continuación de Caffè Reggio http://www.lacoctelera.com/caffereggio

13 Noviembre 2007

Que le den a Raúl del Pozo la columna de Umbral, de Federico Quevedo en El Confidencial

Hará cosa de un par de semanas volvía yo en el AVE de Sevilla a Madrid, y en el asiento contiguo al mío, separado por el pasillo, viajaba Alfonso Guerra, de sobra conocido por todos ustedes y por este servidor, aunque él a mi me ponga cara pero no sepa dónde. Pronto el vagón comenzó a llenarse de gente, entre la que se encontraban algunos destacados políticos. Uno de ellos era Enrique Múgica, defensor del Pueblo necesitado de cariño progresista, que pronto corrió a sentarse con Guerra. Frente a frente, ambos compartieron animada charla, aunque habría que aclarar que Múgica compartió porcentualmente el doble de charla que Guerra. No pude espiar mucho aunque mi antena de periodista se irguió de inmediato, pero sí escuche como un diputado del PP que viajaba unos asientos más atrás del socialista, acercándose al presidente de la Comisión Constitucional le decía: “¿Has leído la columna de hoy de Raúl del Pozo?”. Alfonso Guerra contestó con su tradicional flema: “Si, si. Está muy bien, está muy bien”.

La columna estaba, en efecto, muy bien. Raúl hacía balance de trece años de socialismo en el poder desde aquella noche en el balcón del Palace, cuando Felipe era Felipe y Alfonso era Arfonso, hasta esa otra en la que a cada uno por su lado Aznar les robó lo que la izquierda siempre tuvo como en propiedad. Desde mucho antes de entonces, desde que se hacía periodismo libreta en mano y whisky tras whisky, y las noticias se escondían por igual en los pasillos de la M-30 del Congreso que en los sórdidos lupanares de Montera, lleva Raúl dando el coñazo para martirio de políticos y gozo de lectores y compañeros. Yo no se si ustedes le leen. Yo sí. Y no dejan de admirarme esas columnas escritas parece que sin esfuerzo, en un pis pas, y que sin embargo condensan en pocas líneas un lenguaje académico y la expresividad de cualquier currante de los de pico y pala y bota de Don Simón. Raúl maneja las palabras con una maestría envidiable pero, sobre todo, hace de ellas un enigma constante y un crucigrama que ni Ocon de Oro sería capaz de resolver.

Raúl es sin duda, y lo digo ya sin tapujos a costa de que me odie el resto de su vida, el mejor columnista que tiene El Mundo de Pedrojota después de haber amordazado las ruedas de la fortuna. A Pedrojota los buenos se le mueren o los mata, aunque sea por la vía de la censura previa, y por eso no se si con esto más que un favor, a Raúl le estoy haciendo una putada, pero a ustedes les pasará que cuando leen su columna asentada en la derecha de la doble de opinión del periódico, ni se acuerdan de quien escribe a la izquierda. La cosa es que esto se me ocurrió el sábado, leyendo la que le dedicó a Aznar por sus Cartas a un joven español. Raúl es tan suyo que uno no sabe a veces si cojea de la izquierda pero lleva el bastón en la derecha, aunque tengo para mí que si de revoluciones ya anda pasado de vueltas, una cierta nostalgia de la lucha todavía le ronda la cabeza. El caso es que llegué a la conclusión de que después de tanto invitado en la columna que fuera del genial don Paco, no tengo en mi archivo ninguna que realmente me llamara la atención. Algunas buenas. La mayoría sin sabor, ni siquiera agridulce.

Umbral tenía la virtud, esa virtud que Dios regala a los genios, de poder abarcarlo casi todo, y de hacerlo con un temple y una distancia propias de una divinidad del Olimpo. Igual escribía de La Pantoja que de Aznar, del porcentaje cedido a las Comunidades Autónomas en los tributos de Estado que del coño de Marta Chávarri, y en ambos casos uno acababa convencido de que estaba leyendo a un tipo que lo sabía todo, aunque no tuviera ni idea de nada, que no era el caso. Umbral era un faro de la izquierda que alumbraba a la derecha, y un báculo de la derecha en el que se apoyaba una izquierda consentidora del liberalismo. Pues bien, algo así le sigue haciendo falta a esa última de El Mundo. Serán muchos los llamados pero ninguno, hasta ahora, reúne las condiciones para ser el elegido, o al menos eso pienso yo. Con la excepción de Raúl. Siendo él mismo y no queriendo ser nadie más que él, Raúl cumple las condiciones precisas para dejar ese pabellón, al menos, igual de alto que lo dejó Umbral. Ese espacio necesita a alguien polivalente, al que le priven tanto las corridas de toros como las otras, educado en el civismo laico pero respetuoso de las divinidades, sobre todo si son féminas al gusto del consumidor y tiene la turgencia de una joven Atenea. Un referente de la izquierda sin facturas que pagar ni prebendas que recibir, y que sirva de conciencia crítica de la derecha. Raúl, para mí, cumple, y por eso propongo una cuestación pública en su favor, a ver si Pedrojota atiende a razones.

servido por reggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

Estadísticas

Estadísticas

Fotos

reggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera