Los guionistas españoles tienen más prerrogativas pero menos poder que los norteamericanos

Envidia les produce a los guionistas españoles la capacidad de los norteamericanos para poner contra las cuerdas a sus patrones. Lo cierto es que la ley estadounidense no reserva espacios de derechos para los escritores audiovisuales, pero la fortísima organización gremial les permite hacer valer su trabajo con tanta o mayor eficacia que sus colegas europeos, más protegidos jurídicamente, pero mucho más indefensos en la práctica.

Alberto Macías, guionista de Cuéntame y uno de los vocales de la asociación ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales), la más representativa de la profesión, subraya que, pese al reconocimiento de derechos en la ley de Propiedad Intelectual, aquí las cosas están bastante peor. Macías subraya que para un guionista español lo mismo da que una de las películas que han escrito se venda en top manta o en la Fnac o El Corte Inglés. En ningún caso van a ver un duro. Este es uno de los asuntos por los que los guionistas del otro lado del Atlántico han ido a la huelga. Pero no el primero.

Hace unos años, el colectivo ya la armó a cuenta de los ingresos que sus obras generaban en su explotación fuera de EE. UU. Y ganaron. Ahora cobran un porcentaje de las recaudaciones exteriores. En España, esto se antoja imposible. No sólo los guionistas no cobran por lo recaudado por sus ideas fuera del país, sino que ni siquiera toman parte en el beneficio que genera vender la idea.

Macías, como Curro Royo, vicepresidente de ALMA, conoce bien las vicisitudes del sector. Una de las trampas más extendidas es que los productores fijan el último pago por los servicios prestados "al inicio del rodaje", lo que significa que si el producto no se rueda, a pesar de que el trabajo del guionista esté realizado y entregado, es muy difícil de cobrar.

El único estudio exhaustivo sobre la situación del sector, realizado por ALMA y la Fundación Autor hace tres años, señala que sólo un 19,3% de los guiones comprados por productores y no filmados son cobrados. Un 40,7% de los escritores cobra una parte del trabajo, y el40% no cobra absolutamente nada. En España se filma, aproximadamente, un tercio de los proyectos que se ponen en marcha.

Uno de los problemas añadidos es el mero concepto de conflicto gremial, porque en el cine, la figura del guionista no existe como tal. El propio presidente de ALMA es Agustín Díaz-Yanes, que sí, es guionista, pero también es director. Y a menudo guionista, director y productor son la misma persona.

Pero además existe un déficit de representatividad: ALMA, la organización gremial más importante, agrupa a unos 200 profesionales de un colectivo que, según el censo recogido en el estudio del 2004, aglutina más de 2.100 guionistas. Sólo la productora Globomedia, donde ALMA apenas tiene asociados, tiene contratados (como trabajador por cuenta ajena, muy extraña en nuestro país) a más de un centenar de profesionales. La posibilidad de poner en marcha una huelga y paralizar el sector es risible.