AQUI NO HAY PLAYA

Escribía en este mismo rincón hace sólo unas semanas un artículo que titulé La sangre va llegando al río. Bueno, ahora ya ha llegado. Si hay algo que me jode de llevar razón es que me la den con un muerto, un chaval asesinado de una puñalada en el corazón, como en los viejos tiempos, los estertores sangrientos del franquismo. Escribía yo acerca de las bandas callejeras, de los atracos a navaja, del clima de violencia que se ha instalado en Madrid como en la época de finales de los 70, del miedo que ha vuelto a aullar por las calles, el miedo a salir de noche y a montar en Metro. Tanto llamar a los fantasmas de la Guerra Civil no podía traer nada bueno. Tanto husmear entre las tumbas y zarandear huesos enterrados sólo podía servir para esto. Veintitantos años sin ver un reloj con la puñetera banderita del pollo en la muñeca y ahora están por todos lados. Veintitantos años en los que el homenaje al invicto parecía una ouija para sordomudos y esta vez van a conseguir que al 20-N se apunte hasta el último cabeza rapada de la piel de toro. Enhorabuena a todos. Lo hemos conseguido.

Era difícil, pero hemos conseguido dar marcha atrás al tiempo, regresar al Madrid cavernícola de la piedra y el palo, el Madrid salvaje que pintó Goya con dos tipos enterrados hasta los corvejones y dándose de garrotazos hasta la muerte. Con lo tranquilos que estábamos con toda esta gentuza neonazi metida en sus madrigueras, avergonzada de sus esvásticas y sus puños de hierro, visitando páginas web donde intercambiar nostalgias y fotos de Franco y del Führer. En apenas unos meses, a fuerza de meter el palo bien hondo en las madrigueras, hemos conseguido sacarlos a la luz, darles oxígeno y orgullo, hacer que esa ideología repugnante que aterrorizó Europa entera durante dos décadas vuelva a ser, por desgracia, una bandera.

Hace falta ser ciego para creer que detrás de una cruz gamada hay otra cosa que estupidez, ignorancia, odio, esqueletos. Hace falta ser imbécil para no haberse dado cuenta, a estas alturas, de que lo único que puede sembrar la ideología totalitaria son cementerios. La cruz gamada, la hoz y el martillo, hace tiempo que no son más que chatarra pero qué sabrán estos niñatos de la ESO que no han leído un libro en su vida, qué sabrán estos pobres a los que no hemos dado más educación que Crónicas Marcianas, Operación Triunfo y fútbol. Estos chavales que se visten con el negro hortera de la Gestapo, estos críos analfabetos que juegan con sus pinchos y sus navajas han mamado el rencor en diferido, por vía genética, un odio que ha saltado una generación -como vaticinara Mendel- hasta aterrizar intacto en el Madrid del tercer milenio. La Reconquista, la lucha de clases, la Guerra Civil están servidas.

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