11/11/2007 - 23:00 h
La entrada de España en la Comunidad Económica Europea, década de los 80, se hizo en unas determinadas condiciones. En aquellos momentos, España, además de tener que aceptar las condiciones impuestas por el club de ingreso, no supo imponer contrapartida, importante, alguna. Precipitación, debilidad y oportunismo político, fueron los principales asesores en el proceso del ingreso.
Como club de mercado que es, Europa decide - en gran medida- qué países producen, qué, y a quiénes les toca ser fundamentalmente consumidores.
Llegados a España, una vez ingresados, se aplicaron las consecuencias del acuerdo, proyectando como zona de producción, de aquello que nos podía corresponder, los ejes del Ebro y del Mediterráneo, País Vasco y Cataluña. Una especie de España de la “T”, con una luz de futuro económico y alta velocidad. El resto de España, desde un punto de vista economicista, una España sombría con poco porvenir en el desarrollo económico y velocidad de segunda. De nuevo las dos Españas, aunque en ésta ocasión, por motivos económicos.
Asturias quedaba claramente fuera del progreso, y en su caso se notaba más que en el resto, pues tradicionalmente la “Asturias Industrial”, además de producir y dar trabajo, siempre ocupó, hasta entonces, un lugar alto en la tabla del Producto Interior Bruto del País. En otras comunidades, sin tradición industrial, apenas se notó, pero en Asturias todos los sectores entraron en la mal llamada “reconversión”, puesto que en definitiva fue un cierre ordenado y sin alternativas, precisamente como consecuencia del nuevo diseño, ante la nueva realidad, que era nuestro ingreso en Europa. La forma en que se hizo, y sus consecuencias supuso un jaque mate para la economía Asturiana.
Se hicieron estudios, como el ERA del año 94 – Estrategias para la Reindustrialización de Asturias- que entre otras cosas dieron como resultado el guiso lógico y deseado, para quien decidió cuáles habían de ser los condimentos. Lo resumiremos, fijándonos en dos conclusiones, en que los sectores productivos, aquellos que para entonces le quedaban a Asturias, no daban para mantener su población y por consiguiente había que ir a una población aproximada de 700.000 habitantes - dos pájaros de un tiro -. Por aquel entonces andábamos por 1.300.000 habitantes, aproximadamente, hoy debemos de andar ya por el 1.000.000. Han esperado a que se produjese una autorregulación demográfica, y así han descapitalizado la sociedad asturiana, al irse los jóvenes más preparados, formados y capacitados, conscientes de que aquí no hay futuro. Pero aún resta más reducción de población.
Las comunicaciones proyectadas, de Asturias con Europa y La Meseta, entraron en el congelador. La de Onzonilla – Benavente, hasta hace bien poco no se hizo, la variante de Pajares ya vemos como está y como se confirma que quedamos fuera de la alta velocidad y lo que es más grave, con Europa, la comunicación con quien manda en la economía de nuestro país, sigue sin hacerse la Autovía del Cantábrico. Con todos los respetos, todos los litigios y problemas me parecen una disculpa y un insulto a la inteligencia. Más bien se puede pensar que, teniendo que desmantelar el proyecto industrial, teniendo que aligerar la población, se pensó que mejor comunicar –y primero con la meseta- cuando la nueva configuración fuese una realidad, así nos evitamos posibles inversores, no deseados, que se sintiesen atraídos por la tradición laboral y recursos naturales, pero que podrían chocar con lo programado. Pensemos un poco, ¿Qué comunidad autónoma, con peso histórico, y con la realidad de Asturias hubiera permitido esa incomunicación, tan contradictoria y dañina, y que se mantiene al día de hoy, sin saber hasta cuando?
Ahora todo encaja, quienes denunciamos esto en su día, y por ello se nos demonizó, lo estamos pagando dos veces. Pero consideramos, que además de necesario, todavía podemos reaccionar y cambiar las cosas. Asturias sigue siendo apetecible y necesaria por los recursos naturales, hoy fundamentalmente EL AGUA.
La clase política y sindical asturiana, tienen muchas cosas que explicar a los ciudadanos, y les guste o no, han llegado a unos niveles de comportamiento, que la ciudadanía asturiana no se merece. Por ello, un instrumento fundamental en éstos momentos son los movimientos ciudadanos, que lógicamente no ansían poder, ni un volumen de recursos económicos, que les puedan corromper, son la alternativa que Asturias tiene en éstos momentos para plantar cara y que además de explicarnos las muchas cosas que están pasando, nos demuestren qué beneficios, trabajo y valor añadido tienen para Asturias y sus gentes todos éstos proyectos privados y de privatización, fundamentalmente en torno a la energía a exportar. Y como es que continuará el descenso demográfico de manera importante.
Demasiados agujeros, demasiadas contradicciones, demasiada desinformación para poder imponer, demasiados engaños, demasiada corrupción política y sindical, demasiada manipulación y orientación del mercado para privatizar y una sociedad, la asturiana, abandonada a su suerte. La ciudadanía tiene la palabra.

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