El ¡Viva el Rey! que lanza en letra impresa el señor alcalde de Oviedo es el segundo ¡viva! no protocolario que escucho en 32 años de Monarquía, porque éste, aunque solamente es un ¡Viva Cartagena! de papel, se lanza desde una primera página al viento fresco de este seco noviembre astur, confundiendo el grano con el granero, la parte con el todo, y el toro con el torero...
El primer ¡Viva! lo escuché hace años en lugar tan impropio del grito como la Tuña del general Riego; no sé si salió de boca de D.ª Alicia Castro o de boca de la entonces concejala tinetense, y popular, de Cultura, cuyo nombre no recuerdo. Dos vivas contra ningún muera. No es buen resultado para un partido que lleva jugándose nada menos que 32 años. Ayer el Sporting, en sólo 90 minutos, perdió en El Molinón por un viva a cero, pero aún estamos en puesto de ascenso, y con el equipo amadrinado y vitoreado por una linda y saneada constructora...
Este, como devoto ¡Viva María!, del señor alcalde, debería tener el complemento del «por consiguiente» ¡Muera el pecado!; que, para bien vitorear, no hay buen grito viva sin el complemento de su entusiástico ¡muera!, aunque, por supuesto, ni siquiera deseo que «nuestro pecado nacional» se nos muera, ni de éxito siquiera.
Pecado y pecador que, por supuesto, no hay que buscar en lejanas montañas, nevadas o no, ni en remotos desiertos; por mí, que vivan por muchos años el pecado y el pecador..., pero la Nación debería preguntarle, o exclamarle, como preguntó o exclamó el Rey al Presidente «¡¿Por qué no te callas?!». Porque por ese pecado, que no es pecado menor, quizá vayamos a tener que purgar todos. «Justos por pecadores», dice el conocido refrán popular.
Hoy, y a pesar del ¡Viva! del gran «arquitecto» municipal ovetense, purga, quiéralo o no, el Rey su exabrupto; y purga, conductas ajenas, el presidente Zapatero con las críticas que recibe de la cofradía del pecador. Penitente Zapatero, al que, sin duda, por economía del «Bando», no incluyó el señor alcalde en el galante recuadro del ¡Viva! de pago... Mañana, a lo peor, con su economía, también purga azares, la Duro Felguera..., tan volcada en Venezuela.
Y el pecador..., pecador y su afición, tan «contentos» con sus vivas y sus sintonías... Algo suena mal, muy mal...; o bien, muy bien...; según quién «oiga», «¡¿el por qué no te callas?!»...
... ¡Ay, querubín, es el fin!...

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