EL RUNRÚN
El president Pujol, tras leerse a Goethe en alemán hasta las cachas, ha acabado explicando una historieta de taxistas de Madrid. Vamos, un cuento, una anécdota que le había contado un amigo, a quien el conductor del vehículo pretendía echar por hablar en catalán por el móvil. A mí, me ha recordado al genial Eugenio cuando se ponía ante el micrófono y con aquel vozarrón que parecía salir del centro de la tierra decía indefectiblemente: "¿Saben ustedes aquel que dice...?". Y el personal empezaba a reírse antes de que acabara la frase. Era una muletilla que le funcionaba a las mil maravillas: lograba la complicidad del público. Generalmente eran chistes sobre catalanes... y, claro está, no pasaba nunca nada. Lo que uno no se esperaba es que Pujol, a estas alturas, nos acabara explicando "historias para no dormir" protagonizadas por taxistas madrileños donde, como en botica y en casi todas partes, hay de todo como debe haber entre los taxistas de Barcelona, de Venta de Baños o de Betanzos. Pero los fans del president, entre los que me cuento desde tiempo inmemorial, aunque él tan sólo me considere - con toda la razón- "un ximplet", estamos francamente decepcionados.
Tanto codearse con Clinton y Gorbachov, tanto aparecer como una persona culta, ilustrada y leída - como lo es- no en vano declaró en cierta ocasión que "los libros han tenido una gran importancia en mi formación. Mi catalanismo, mis ideas sobre Europa y mi sentimiento religioso son influencia, aparte de mi familia, de los libros". Todo ello se ha ido tranquilamente al garete por la concesión fácil a la demagogia. Pujol ha convertido una anécdota en una categoría y los aficionados, los buenos aficionados, esperábamos algo más elaborado, un poco más de sutileza, unas gotas de finesse,un regate de Ronaldinho y que no apareciese sólo envuelto en la piel del català emprenyat que ya parece una figura más del pesebre.
Yo también tengo una historia de taxistas. Me la explicó la esposa de un ex ministro de la UCD, catedrática de universidad y residente en Madrid. La señora, en compañía de una amiga, que asistía a la conversación, me narraba que, arribada al aeropuerto de El Prat, cogió un taxi. Y cuál sería su sorpresa al comprobar que el taxista le hablaba en catalán y ante sus reiteradas muestras de que no le entendía - tampoco es que el catalán sea el serbocroata, digo yo- el taxista se apiadó de ellas, para explicarles que a él no le importaba nada hablar en castellano, pero la Generalitat le obligaba a hablar en catalán. Ante mi carcajada y mi cara de incredulidad ambas señoras estaban dispuestas a jurar sobre los Evangelios que habían dicho la verdad.
Si el futuro del país depende de lo que digan o dejen de decir los taxistas - una profesión por otra parte respetabilísima- de Madrid, Barcelona o Venta de Baños, estamos apañados. Si todos los análisis políticos y todas las conclusiones deben tomarse a partir de ahí, apaga y vámonos porque yo pago las copas. Lo que me parece un poco sorprendente, por decirlo en términos suaves, es que el señor Pujol, a quien el ABC del señor Anson, ¡ojo al dato!, le eligió nada más y nada menos que "español del año", mientras a su alrededor las huestes del PP gritaban "Pujol, enano, habla en castellano", nos diga, por una conversación con un taxista, a la cual ni siquiera asistió, que ahora es la hora catalanes de no "hacerse el simpático". Cosa que él sí hizo, y con mucha gracia, cuando preguntó a cuántos deberíamos matar para caer tan simpáticos los catalanes como los vascos. Claro que luego Basté dice que Schuster es idiota, como podía enunciar la teoría de la relatividad.
mtrallero@telefonica.net

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