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12 Noviembre 2007

Semana regia, semana con «ñ», de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Repárese en el marco geográfico en el que transcurrió la semana. Afirmación nacional en Ceuta y Melilla de entrada y protagonismo en la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile de salida. Por el medio, la aceptación de la «ñ» en los dominios de la red de redes. Y, ¡ay!, el presidente del Gobierno democrático español presenta institucionalmente las «Obras completas» de Azaña. España, siempre España. La «ñ», siempre la «ñ».

Semana regia. Protestas del rey marroquí por la visita a esas dos ciudades del monarca español. Marruecos, ese país tan poco respetuoso con los derechos humanos, al que la diplomacia española, tan dada a exigirlos en otras altitudes y latitudes, trata con guantes de seda. La política internacional es así, señora. Todo lo sucedido estaba en el guión. No se podría decir lo mismo, en cambio, de lo acontecido en Santiago de Chile, pero no perdamos de vista que el decorado y la representación fueron puramente hispanos. He ahí nuestra herencia de siglos, caudillista, iluminada, demagógica. He ahí a Chávez, personaje que tendría perfecta cabida en la tipología novelesca inaugurada por Valle-Inclán con «Tirano Banderas». He ahí al líder sandinista, don Daniel Ortega, cuyo mandato tras el derrocamiento de la tiranía, abre, en la más favorable de las hipótesis para este buen señor, serias dudas conducentes a severas críticas.

Lo curioso es que el guión de los hechos haya estado marcado, como dirían ahora los «politólogos» con estos «tiempos». A resultas de ello, se diría que la figura del rey se crece frente a las críticas de Marruecos, eso en primer término. Y que ese afianzamiento de su imagen se consolida aún más haciéndole frente a un personaje como Chávez. Es decir, sale bien parado frente a un monarca de un país del que miles de ciudadanos quieren salir y frente a un líder caudillista y demagogo. Así las cosas, incluso los monárquicos más entusiastas tendrán que convenir en que no lo tuvo muy difícil el nieto de Alfonso XIII.

Por otro lado, no hay que perder de vista que la lectura más importante de lo acontecido en Santiago de Chile no se hace en términos diplomáticos, sino en clave de popularidad; al menos, es esta última la que más puede favorecerlo. Conminar a Chávez a que se calle puede coincidir con la reacción más esperada. Sin embargo, ni es un alarde oratorio ni tampoco parece algo muy ortodoxo en términos diplomáticos. Pero esto último es baladí en el caso que nos ocupa.

Semana regia tras tantos y tantos descontentos. Desde las ondas más carpetovetónicas se le pide al rey que abdique. Doña Esperanza Aguirre, la «lideresa del PP», como ella misma se proclama, intentó interceder a favor del predicador de la COPE en el transcurso de una comida con el monarca. Anasagasti sigue arremetiendo contra la institución en los medios; los rescoldos de las quemas de retratos regios continúan siendo noticia y generando polémicas.

Frente a todo ello, el azar promueve que Ceuta y Melilla de un lado y Chávez del otro intervengan, contra su voluntad, a favor de la imagen del monarca, en términos de popularidad.

La palabra de Azaña, íntegra en las «Obras» que acaban de ser presentadas, no pasará de ser un acto cultural y no tendrá gran presencia en el mercado literario ni en el debate público. Por cierto, al ver las imágenes del lance tan comentado en Santiago de Chile, reparé en la presencia de la muy chiripitifláutica Trinidad Jiménez. ¿Recuerda alguien que en su campaña fracasada a la Alcaldía madrileña reivindicó la figura de Azaña, por mucho que sea una entusiasta defensora de la institución monárquica?

Semana regia entre lo que queda del Imperio y la geografía que en su día lo conformó. Semana regia que no transitó Europa. Semana regia en la que el republicanismo sólo está en los libros y no en el debate político.

«Africanos somos, don Miguel», le escribió en su momento Ortega a Unamuno.

Mientras, la «ñ» ya está en el ciberespacio y los secretos mejor guardados de Azaña se encuentran en sus libros, unos libros que recogen por vez primera su obra completa 67 años después de su muerte. Unos libros que seguirán fuera del debate político.

Y aquí todos contentos y felices.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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