El "¿Por qué no te callas?" del Rey de España al presidente de Venezuela va camino de las antologías celtibéricas de nuestra reciente historia. Junto al "Tranquil, Jordi, tranquil" del propio Don Juan Carlos a Jordi Pujol, el "Ja soc aquí" de Tarradellas, y otras de distinto calado como "La calle es mía" (Fraga), "Se sienten coño" (Tejero), "Que te pego, leche" (Ruiz Mateos), el "candelabro" de Sofía Mazagatos, el "ostentóreo" de Jesús Gil o las famosas dos palabras de Jesulín: "im-presionante".
Se completa el toque hispano con el recurso de Hugo Chávez a la sempiterna metáfora taurina, al verse como un maestro capaz de lidiar con lo que le echen. "El Rey se puso bravo, pero yo soy muy torero", dijo ayer, ya de regreso en Caracas, después de asistir en Santiago de Chile a la XVII Cumbre Iberoamericana. Mal asunto. En este país nuestro las comparaciones taurinas las carga el diablo. Si Chávez las utiliza para protestar contra la espontánea reprobación verbal del Rey demuestra hasta qué punto ha degenerado el incidente.
No ha escarmentado Chávez por el repaso de Don Juan Carlos y el presidente Zapatero. Su primera reacción fue un infantil intento de equiparse al Rey de España. Incluso se considera de mejor rango por su carácter electivo. Por tanto, alega, no puede hacerle callar "por muy Rey que sea". Puestos a hacer comparaciones respecto a la estirpe democrática de ambos, y descartada por inútil cualquier pretensión didáctica con este napoleoncito del Caribe, convendría recordar que el Rey paró un golpe de Estado en 1981 mientras que Chávez (aquel inquieto teniente coronel) encabezó dos intentos golpistas en 1992.
Como el episodio tiene su origen en la reprimenda del presidente español al colega venezolano por los insultos de éste contra Aznar, el episodio y lo que le cuelga baten records mediáticos de consumo interno. Lógico. Y más en vísperas electorales. En este sentido la ola de simpatía popular suscitada por la espontánea contundencia del Rey contra este atrabiliario personaje -ya en clamorosa deriva antidemocrática- viene asociada a la contundencia de Zapatero en defensa de la honorabilidad y el respeto debido a un ex presidente del Gobierno de España, sea quien sea éste y aunque su titular no siempre esté a la altura de lo que representa.
Son las generales de la ley. El presidente Zapatero ha cumplido con su deber: exigir respeto hacia la figura de Aznar, por lo que representó. El mismo respeto se debe exigir a Aznar hacia la figura de Zapatero, por lo que representa. También el ex presidente ha hecho lo debido al agradecer el detalle a su sucesor en Moncloa. Si la llamada telefónica fuese un indicio de distensión en asuntos de la política exterior, por la que Aznar decía sentirse "humillado" hace unos días, nos podíamos dar con un canto en los dientes. Pero pierdan ustedes toda esperanza. El PP ya ha dicho que de lo ocurrido tiene es culpa de esa política exterior -"equivocada", dice Rajoy-, que ahora le toca dirigir a Zapatero porque así lo quisieron los españoles.

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