SECRETOS Y MENTIRAS

La muerte de John Rosillo en Panamá, conocida ahora, ha servido de recordatorio de que aún queda un gran procedimiento relacionado con el 'Clan de los Mentirosos', los criminales que gobernaron la Cataluña de los 90

La camarera había golpeado la puerta de la habitación 207 a primera hora de la mañana, sin obtener respuesta. Era extraño, porque el huésped que la ocupaba desde hacía meses solía levantase pronto los domingos para acudir a la sala de desayunos y disfrutar del brunch. De hecho, no se saltaba casi ninguna comida. No había subido acompañado la noche anterior, por eso, cuando a las tres de la tarde aún seguía colgado el «no molesten» del pomo de la puerta, los responsables del hotel decidieron entrar. Al llegar al dormitorio de la suite comprobaron que, efectivamente, algo iba mal. Muy mal. Sobre la cama estaba el cuerpo sin vida del hombre al que hacía tiempo que conocían como Juan Manuel, 'John', Rosillo.

Los responsables del Hotel Ambassador de Ciudad de Panamá dejaron el asunto en manos de la Policía Técnica Judicial panameña. Al fin y al cabo se trataba de un ciudadano extranjero. Español, para más señas. A pesar de su marcado acento mexicano, Rosillo utilizaba el pasaporte español número X630980. Lo que la gente del Ambassador quizá no sabía es que Rosillo llevaba prófugo de la Justicia española desde 2002 por dos condenas: una de cinco años y medio por fraude fiscal por el caso Diagonal Mar y otra de cuatro años por un homicidio imprudente cometido a finales de 2001.

Panamá denegó la extradición de Rosillo en 2005, por el homicidio imprudente; por el delito fiscal, el paraíso centroafricano nunca entrega a prófugos. Pero aún así, denegó hace un año y medio el permiso de residencia a Rosi-llo. Así que el financiero estaba en el país de forma ilegal. Lo que no le impedía obtener ingresos directamente desde España. Rosillo se dedicaba a administrar silencios, o lo que es lo mismo, a chantajear a todos aquellos prósperos hombres de negocios de Barcelona con los que había hecho negocios inconfesables. La misma tarde del 20 de octubre, el día anterior a su muerte, el supuesto difunto estaba llamando a algunas de las víctimas de su chantaje.

Sin embargo, la supuesta muerte de Rosillo tendrá consecuencias sobre un procedimiento en Barcelona que está ya en su recta final.El caso de la trama de corrupción en la Inspección de Hacienda en Barcelona está pendiente de que la Fiscalía entregue a la titular del juzgado de instrucción número 33 de Barcelona para que el resto de las partes se pronuncie y el sumario llegue a la Audiencia de Barcelona, donde debe fijarse la fecha para el juicio.

Rosillo tuvo una participación tangencial en el caso. A finales de 2001, cuando su futuro ingreso en prisión parecía un hecho, el financiero acudió al juzgado para intentar presentarse como una víctima de uno de los más descarados miembros de la trama de Hacienda, que ya entonces se encontraba en prisión cumpliendo una condena de 10 años por prevaricación y cohecho, y aún sigue encarcelado, a la espera, además de los cargos que se le imputan en el caso general, Alvaro Pernas.

Pernas o Rosillo, son personajes en la periferia del Clan de los Mentirosos, una organización criminal que surgió de forma espontánea en la Barcelona de mediados de los 80 y fue derribada durante los 90. Nadie era quién decía ser. No en la Cataluña de Jordi Pujol. Jueces justicieros que utilizaban la prisión para enriquecerse; inspectores de Hacienda, paladines del Erario público que acumulaban fortunas; prestigiosos abogados penalistas que traicionaban a sus clientes; políticos corruptos capaces de mancillar el sistema democrático por cantidades consideradas calderilla; «empresarios modelo» que robaban, sobornaban...

El Clan de los Mentirosos logró colocar a sus hombres en los puestos cla-ve del poder: en la política, en la Administración tributaria, en la Judicial... De esa alianza de impostores, la cabeza visible fue Javier de la Rosa y el cerebro, el centro neuronal, el que durante dos décadas fue su abogado y hombre de confianza, Juan Piqué Vidal.

Los miembros más destacados del clan han caído ya. El ex juez Lluís Pascual Estevill cumple una condena de 10 años por extorsión y soborno en la prisión de Quatre Camins. Piqué Vidal cumple condena en Brians. Va logrando tratos de favor que le permiten abandonar el centro penitenciario de vez en cuando. Y De la Rosa, el auténtico cáncer que llenó de mierda la ciudad con su moral de víbora repugnante y su condición genética de criminal, lleva 13 años entrando y saliendo de prisión, a la espera de condenas firmes.

Los políticos que protegieron o se sirvieron del Clan, han salido relativamente bien librados de la caída de la banda. Pero aún no ha terminado. Aún deben ser juzgados los inspectores de Hacienda corruptos que completaban la banda, capitaneados por el que parecía ser un cruzado contra el fraude, el que fuera inspector jefe regional de Hacienda en Cataluña, Josep Maria Huguet. Huguet es de la Pobla de Segur, la misma de la que procedía el secretario de Estado. José Borrell y Huguet eran amigos personales. En julio de 1992, junto al ya ex alto cargo de Hacienda Ernesto Aguiar, Borrell y Huguet compraron tres apartamentos contiguos en una urbanización de Boí-Taüll el mismo día, por el mismo precio y ante el mismo notario. Una relación que sería fatal para Borrell cuando fue nominado por el PSOE como candidato a la presidencia del Gobierno en 1998. Huguet, para felicidad de personajes como Estevill o Antonio Antón, fue nombrado en 1985 inspector jefe de Hacienda en Cataluña. La noticia fue recibida con terror por muchos contribuyentes. Con Huguet llegaban los peinados fiscales.Cual Eliot Ness dirigiendo una redada, tomaba con varios inspectores la principal avenida comercial de una ciudad. Los funcionarios iban avanzando por la avenida solicitando los libros de caja de todos los comercios que encontraban a su paso. Sin aviso previo.

Pero la dureza inflexible de Huguet ante el fraude fiscal era una de las máscaras que utilizaba el Clan de los Mentirosos.Como se encargaría de demos-trar el abogado Juan José Folchi ante la Corte Comercial de Londres en 1999. Folchi declaró como acusado en el juicio por la demanda presentada por el Gru-po Torras y KIO contra Fahad Mohamed al Sabah, Fouad Khaled Jaffar, Javier de la Rosa y todos los que les ayudaron a apropiarse de más de 500 millones de dólares de las cuentas de la filial española del conglomerado kuwaití o se beneficiaron del botín. Cuando Folchi fue interrogado por el juez británico encargado de tramitar la causa contra Al Sabah, De la Rosa y Jaffar, Lord of Justice Jonathan Mance, no tuvo más remedio que identificar a algunos de los preceptores del dinero desaparecido de las cuentas del Grupo Torras. Mance estaba especialmente interesado en 1999 por dos ingresos de 30 millones de pesetas cada uno ordenados por De la Rosa en octubre y noviembre de 1990 a las cuentas 064074-A y 064073-G de la Banque Paribas de Ginebra. Mance sabía que Folchi conocía a los titulares de las cuentas y le dio un ultimátum: o identificaba a los propietarios de los depósitos o consideraría que el dinero se lo había quedado él. Folchi se había encargado de tramitar esos pagos y sabía perfectamente quienes eran los titulares de las cuentas de Paribas: Ernesto Aguiar y Josep Maria Huguet.

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