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La frase ha quedado ya estampada en la Historia y en los móviles. Continuamente la pasan por televisión y la corean los periodistas. Si cuela (que no colará: buena es la Casa del Rey) acabará convirtiéndose en un eslogan para vender chocolatinas o cursos de idiomas. Suerte que el Monarca no cobra derechos de autor, porque nos arruinaría. Es sólo una frase y, aunque está suspendida en el aire por efecto de los interrogantes, tiene una rotundidad marimandona y castrense.
Gracias a ella jubilaremos el famoso «se sienten, coño» con el que hemos adornado tantas conversaciones los últimos 20 años. Veinte años no serán nada, pero dan para mogollón de muletillas. Ahora ya tenemos frase de repuesto. A fuerza de escucharla una y otra vez le hemos sacado cierto parecido con un gag, pero intrínsicamente no tiene ninguna gracia. El Rey estaba para pocas bromas cuando la pronunció. Se le notaba en la cara: menudo es él para andar disimulando. Tenía los músculos tensos, la mirada irascible, el cupo de la paciencia al límite. Y saltó. «¿Por qué no te callas?, le dijo a Chávez, subrayando su hartura con la mano. Faltó el taco, pero conociendo la madera del Monarca, el taco estaba implícito.
Un Borbón sin taco es como un jardín sin flores. Eso tal vez no lo sabe Chávez (bastante tiene con lo suyo), pero es así. En América Latina muchos creen que los Reyes son de cartón piedra y no hacen sus necesidades ni se cabrean. Bien mirado, es lógico que lo piensen. Los Reyes les pillan a trasmano. Sin ánimo de ofender, allí están más duchos en mises.
En las cumbres iberoamericanas, como en las tertulias de la radio, hay gente que se ralla y no deja hablar a nadie. Si te fijas, es gente que no hace sino repetir una sola frase para impedir que los demás metan baza. En términos técnicos, a eso se le llama ensuciar la conversación. El presidente de Venezuela, acostumbrado a tener todo el uso de la palabra para él solito, le quitó la palabra a ZP y lo guarreó todo. (Y es aquí donde una expone su particular versión de los hechos: el Monarca trató con Zapatero la conveniencia de reprobar los insultos que Chávez le había dedicado a J. M. Aznar el día anterior. Una frase y fuera. Por alguna parte debía constar el rechazo de la delegación española. Pero ZP no pudo terminar su frase. Chávez le arrebató la palabra y se quedó con ella. Eso es lo que puso de los nervios al Rey.)
Chávez precipitó el incidente y, desde la otra orilla, muchos lo dimos por bueno. Gracias a la intervención del Rey, el rifirrafe electoral ha pasado a segundo plano, aunque los líderes estén reconduciendo la situación hacia sus respetivos discursos (el clásico «y tu más»). La política es perjudicial para la salud y los políticos hablan demasiado. Como la cosa va de frases, yo me apunto a la última: ¿por qué no se callan también ellos?
© Mundinteractivos, S.A.

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