EL APUNTE

Tiene poco sentido que las manifestaciones en contra de algo estén convocadas de forma gubernamental. Suena a engaño. Si uno manda, se entiende que tiene muchas posibilidades de llegar al núcleo de donde parte el problema. Por eso manda, porque puede cambiar el error. Por ello, que ERC, y también ICV-EUiA, quieran añadirse a la movilización del próximo día 1 de diciembre tiene la lógica de la estética. Quiero decir, salir a la calle para mostrarse indignados, cuando su enfado puede evidenciarse en una reunión frente a la ministra Alvarez, no está bien. ERC quiere utilizar el desastre de Cercanías y la mala gestión de la llegada del AVE a su favor, introduciendo, además, aspectos que tienen poco que ver con el problema, como la independencia y la autodeterminación.Pero esta estrategia tiene riesgos altísimos. Que los que asistan a la convocatoria sean afectados de verdad de los retrasos de Cercanías y manifiesten de forma clara que lo de la independencia les deja tan fríos como el anuncio de la fecha del 21 de diciembre como jornada de inauguración de la línea. Los que van de utópicos por la calle pasan muy mal momento.

alex.salmon@elmundo.es

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