LOS DÍAS VENCIDOS
El Rey dice "¿por qué no te callas?" y el mundo se detiene. También el Rey dice que unos espárragos son "cojonudos" y ahí tenemos las latas de espárragos con ese nombre en las despensas. Lo del Rey es pintoresco. Pero lo de Zapatero, reivindicando el buen nombre de Aznar frente a Hugo Chávez, es un gesto notable. Hoy sabemos más del uno y del otro.
Todo sucedió en la llamada cumbre iberoamericana, un lugar donde las formas son más importantes que el fondo. O sea que, si en una sesión formal alguien no atiende a las formas todo ese esfuerzo diplomático se convierte en la taberna iberoamericana. Si Chávez quiere decir que Aznar es un facha, tiene miles de lugares para decirlo incluído su propio programa de televisión. Las formas son tan importantes que el día que Evo Morales se quita la corbata y se viste la champa de los bolivianos aimaras, todos los que estamos por la emancipación económica de América Latina saludamos el gesto. Las formas son tan importantes que el propio Chávez está dispuesto a que las fuerzas armadas dónde se formó se llamen de ahora en adelante "antiimperialistas". Las formas en esa cumbre deben ser tan esenciales que cuando iba por allí Fidel Castro, pudiendo vestir con traje y corbata, lo hacía como el comandante en jefe de Cuba y el verde olivo le distinguía entre el gris de los gobernantes.
¿En qué quedamos, presidente Chávez? ¿Las formas son buenas cuando usted las impone pero son una antigualla colonialista cuando las impone el consenso de una reunión multinacional? Chávez está en su derecho de opinar sobre Aznar. Incluso está en su derecho de sugerir que el Gobierno español de entonces se precipitó al aplaudir lo que parecía un derrocamiento inminente. Pero estamos hablando de formas, de un orden de palabras y de unas palabras -las de Zapatero- que tienen más calado político que el exabrupto real. Porque Zapatero -y Chávez lo sabe- no es un cualquiera para Venezuela.
Zapatero ha tenido que tragarse sapos y culebras para convertirse en uno de los pocos países que salvan a la Venezuela bolivariana del aislamiento. Hoy lunes, en algunos astilleros del norte de España, trabajadores españoles irán a completar el pedido de patrulleras y fragatas para la armada venezolana. Y hace pocos meses, la secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, en una visita a Caracas, se negó a recibir a la esposa del general Usón, condenado a cinco años de cárcel por decisión de Chávez. Zapatero ha hecho la vista gorda con un personaje dudoso. Y, en su infinita egolatría, Chávez se ha encegado.
Zapatero intentó defender el respeto mútuo recriminando a Chávez que dijera que Aznar es un fascista. Los fascismos de hoy ya no son los de Mussolini. Un fascista es un gobernante o un simpatizante de un Gobierno que envuelve la más noble de las causas con una serie de medidas arbitrarias que provocan el desamparo, el terror y la indefensión de una parte de la población. Que cada gobernante cargue con su examen de conciencia. Pero que Chávez no olvide que Aznar llegó al gobierno democráticamente. Y se fue tras haberse comprometido a una limitación de mandato que ojalá fuera norma, en España o en Venezuela.
Pero todo esto Chávez ya lo sabe. Porque ese Aznar del que ahora abjura fue en 1999 su huesped y hasta se lo llevó en yate a la isla de Los Roques. Y nadie le recordó en la dichosa cumbre esos devaneos vacacionales con el "fascista" Probablemente porque eso, los demócratas de verdad, lo encontramos de mal gusto.

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