EL OYENTE

«Nos hace falta que los políticos se den baños diarios de humor sano, a ver si se les pasa el sarampión», decía el miércoles Eduardo Jáuregui, politólogo, psicólogo y, sobre todo, investigador del arte de hacer reír, en La Ventana (la Ser).

El sentido del humor, su último libro, debería ser lectura obligada para muchos políticos y periodistas permanentemente cabreados, navaja en mano, en busca de víctimas propiciatorias.

Lo pide la mayor parte de los oyentes, lo necesita nuestro país, les conviene a políticos y periodistas por su propio bien (prestigio, dignidad, sentido común...) y, por encima de todo, lo necesitamos los oyentes para no volvernos locos.

«Los oyentes escogen el medio que quieren y tienen todo el derecho a escuchar la emisora que quieran sin que nadie les insulte por ello», decía ayer un oyente de Protagonistas (Punto Radio) en respuesta a un tertuliano que había criticado a la Cope.

«Déjense de insultos y hagan periodismo como Dios manda», añadía otro.

«Hace mucho tiempo que dejé de escuchar otras emisoras y en esta sólo escucho el tiempo de los oyentes porque podemos hablar con libertad», puntualizaba un tercero. «Muchos dicen ¡vale ya de insultos! en sus primeras palabras y luego no paran de insultar a todo el mundo». Basta con escuchar a los miembros del Gobierno y la Ser.

Los dirigentes socialistas vienen vilipendiando sistemáticamente al PP desde hace años. El PP no ha visto un solo acierto en la gestión de Zapatero desde que llegó al Gobierno. La Ser viene machacando sistemáticamente al PP, a la Cope y, aunque algo menos, a EL MUNDO desde que Aznar llegó a La Moncloa en 1996 y la Cope, hoy atacada desde casi todos los frentes, ha hecho grandes méritos para perder amigos en el Gobierno y en el grupo Prisa.

Mientras Iñaki Gabilondo, a quien aprecio y admiro igual o más que a Federico, Luis del Olmo y Carlos Herrera (nadie es perfecto, qué le vamos a hacer), se empeñe en insultar a los periodistas de EL MUNDO y de la Cope por hacer «un trabajo peligroso y vengativo», como hizo el lunes, es inevitable que reciba respuestas como la de Federico Jiménez Losantos del martes: «Hipocritón y cobarde que se esconde un día en las faldas de Setién, otro en las de Uriarte y otro (el día que la Ser dio la noticia de los suicidas en los trenes) en las de una redactora».

Si no se corta la cuerda, esto sólo sirve para calentar los ánimos de algunos oyentes que, confundiendo la desinformación con la realidad, acaban amenazando, como han hecho a César Vidal, de la Cope, con algo más que palabras.

Que, en sólo una semana, Gabilondo, medio Gobierno y Duran Lleida, en términos más o menos fuertes o insultantes, arremetan contra la Cope es un exceso de celo que sólo puede desembocar en un choque con víctimas en ambos bandos. Corten este rollo, por favor. No tiene sentido, es absurdo, vale ya.

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