La'castración' química
LA CLAVE
Una importante proporción de agresores sexuales tiende a reincidir en esa conducta. Para su prevención se han propuesto diversas formas de tratamiento. En la actualidad el de eficacia más acreditada es la terapia cognitivo-conductual, basada en un conjunto de técnicas psicológicas orientadas a objetivos como el cambio de creencias distorsionadas con las que a menudo se autojustifica la conducta (como "a muchas mujeres les gusta que las violen" o "la actividad sexual con niños les educa"), el desarrollo de patrones socialmente aceptables de excitabilidad sexual y la supresión de los impulsos sexuales aberrantes. Al logro de este último pueden ayudar tratamientos farmacológicos como la supresión androgénica temporal (la llamada castración química).
Los andrógenos, como la testosterona, son hormonas producidas por los testículos y en menor medida por los ovarios y las glándulas suprarrenales. Se les atribuye un importante efecto promotor del apetito sexual, de ahí que su anulación haya sido el foco principal de la prevención médica de la agresión sexual reincidente. En la primera mitad del pasado siglo varios estados del norte y centro de Europa y de EE. UU. introdujeron en su legislación la opción de la castración quirúrgica (extirpación de los testículos) de los delincuentes sexuales. Al parecer se lograban unas tasas de reincidencia muy bajas.
Desde la década de 1960 se han desarrollado fármacos que bloquean eficazmente, de modo reversible, la producción y/ o las acciones de la testosterona (antiandrógenos). Su empleo fue sustituyendo, por razones éticas, a la castración quirúrgica de los agresores sexuales. Los antiandrógenos más usados para este fin son el acetato de ciproterona (en comprimidos diarios) y el acetato de medroxiprogesterona (en inyecciones). Ambos reducen la reincidencia de la agresión sexual, aunque en un porcentaje no muy alto de sujetos. Luego se introdujeron los análogos de la hormona liberadora de las gonadotropinas (en inyecciones), agentes que reducen aun más la testosterona en sangre, hasta niveles como los de la castración quirúrgica. Se han mostrado eficaces en casos refractarios a los citados antiandrógenos.
Los referidos tratamientos, aunque útiles, no son siempre efectivos y pueden tener diversas consecuencias adversas, por lo que deben emplearse en sujetos bien seleccionados, con una indicación clara (cuando se aprecia un alto grado de impulsividad sexual incontrolable) y siempre como complemento a la terapia cognitivoconductual.
M. MAS, catedrático de Fisiología, facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna (Tenerife).
mmas@ull.es

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