Cené en Shanghai con el gran jefe de una importante empresa norteamericana y me explicó una historia de personas mayores de las que a mí me gustan relacionada con aquella ciudad. Resulta que a él lo eligieron presidente de los antiguos alumnos de una de las escuelas de negocios de Boston en la que él estudió su carrera. Como presidente le tocó organizar la reunión anual de antiguos alumnos. Era 2006 y debía conseguir un programa interesante para atraer el máximo de ex alumnos, aunque en estos casos la motivación emocional de reencontrarse con antiguos compañeros, de conocer a otros y conectar con ellos, especialmente con algunos que han llegado a personajes importantes, crea muy buen ambiente. La reunión fue un éxito pero al día siguiente le vino a ver un señor mayor, 85 años le dijo que tenía. Le contó que era el capellán de la asociación de antiguos alumnos y que él, el nuevo presidente, había cometido el grave error de olvidarle. "¿Qué debiera haber hecho yo?", le preguntó el presidente. "Poner una misa en el programa", le contestó el cura. Cuando se enfrentó a la preparación de la reciente reunión del 2007 decidió incluir la misa. Para su sorpresa el capellán llenó a tope la iglesia de Boston en la que la hicieron. Llegó la homilía y el cura, ya con 86 años, les explicó con gracia y energía que él había sido capellán de las tropas americanas en la Segunda Guerra Mundial y que le tocó darles servicio en la batalla del Pacífico y de China. Fue horrible combatir a los japoneses en aquel territorio enorme y desconocido y el trabajo de capellán, durísimo. Pero les dijo que el día que acabó la guerra él estaba en Shanghai y que al día siguiente empezaron a llegar empresarios americanos. Parecía que hubiesen estado escondidos en algún sitio para ser los primeros en saltar con sus proyectos sobre aquel territorio. Sabían que Shanghai era una ciudad dinámica y no querían perder la oportunidad. El cura fue subiendo el tono sobre el papel clave de los buenos empresarios en el avance de la sociedad. Para aquellos norteamericanos combinar en el 2007 EE. UU. ganando la Segunda Guerra Mundial, los empresarios americanos entrando en Shanghai, su emoción de antiguos alumnos reunidos y el efecto espiritual de estar en una iglesia parece que les hizo entrar en una especie de trance y arrancaron con aplausos y bravos. El cura les hizo olvidar Iraq, las hipotecas basura, Bush, Gore, Hilary Clinton y los otros problemas que tienen. Ahora el presidente de los antiguos alumnos se enfrenta a preparar la reunión del 2008. En la hojita de evaluación que llenaron después de la reunión del 2007 ganó el cura. Pero en el 2008 tendrá 87 años. El presidente no sabe si tendrá otra historia como la de este año. No sabe si pedir que le dejen utilizar la catedral de Boston. El cura le está estropeando el mandato de presidente.Durante la semana pasada, en Shanghai parecía que hubiese vuelto a acabarse la Segunda Guerra Mundial. Allí estuvieron presentando ambiciosos proyectos de inversión Rick Wagoneer, presidente de General Motors; Howard Schultz, presidente de Starbucks Coffee; John Chalmers, presidente de Cisco (éste ganó anunciando una inversión de 16.000 millones de dólares), entre otros. Quizás tendríamos que traer al cura de Boston a predicar un poco a los empresarios de aquí.
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