EL CRUDO TAMBALEA LA ECONOMIA

Da mucho que el precio del barril de crudo esté a 100 dólares en lugar de a 99? Si se quiere, importa tanto como cuando el precio pasó de 98 dólares a 99. Y si uno es razonable da bastante igual que este a 101 dólares que a 100. Llevamos muchos años contemplando el irresistible ascenso del precio del crudo y año tras año, subida tras subida, nos hemos acoplado a su coste. Lo que pasa es que 100 dólares es, tres dígitos ya, toda una cifra fetiche y la gente se fija en ello. Como es natural, cada hijo de vecino reacciona al sobrepasar tal umbral y se pone nervioso ante lo que espera. Algo parecido ocurre cuando se cumplen 40 años (¿cómo tienes la hipoteca y cuando te cuestan tus hijos?), cuando se cumplen 50 (¿has pagado todo lo que le debes al banco, tienes padres mayores ?) y no digamos cuando pasas el umbral de los 60 (¿como está tu plan de pensiones?)

Como prácticamente no conduzco y utilizo mucho el transporte público, paso bastante de lo que significa para el bolsillo de cada uno esta barrera talismán de los 100 dólares. Lo que me importa, es lo que este precio representa en la geopolítica del tiempo que nos ha tocado vivir. El precio del crudo aumenta inexorablemente por la demanda de China, en plena fase de desarrollo desbocado, y, en menor medida por el de otras economías punzantes en Asia, empezando por la de la India. Y el tema es que el precio que genera esta demanda consolida regímenes especialmente antipáticos, por autoritarios y cosas peores, como son el de Hugo Chávez en Venezuela y el que encabeza Mahmoud Ahmadinejad en Irán por no añadir la Rusia de Putin. Nunca como ahora ha sido más urgente pensar en clave de políticas energéticas alternativas. La nuclear en primer lugar.