Problema catalán, segunda fase, de Fernando Ónega en La Vanguardia
TRANSBORDO, MONCLOA
Se extrañaba ayer José Antich del escaso eco que el "desapego" diagnosticado por José Montilla había encontrado en la prensa de Madrid. Puede ser, director, porque se ha dicho tanto que Catalunya se va, se está yendo o se puede ir, que algunos lo toman como el cuento del lobo.
Sin embargo, no hace falta una sensibilidad especial para anotar que esta semana Catalunya ha vuelto a ser el problema. Y, visto desde cientos de kilómetros de distancia, con algunos detalles que resultan llamativos para forasteros como este cronista. Por ejemplo: ¿no habíamos quedado hace meses en que el problema catalán era un problema de identidad? ¿Quién y cómo administró el impresionante esfuerzo y el desgaste del Estatut para que esa histórica conquista quede oscurecida por el cabreo social inmenso, pero temporal, de la crisis ferroviaria?
Segundo ejemplo: el dinero. Catalunya es la gran beneficiada de los presupuestos del 2008. La cantidad final ha sido debatida y pactada entre los señores Castells y Solbes, con gran escándalo de otras personas y zonas del país. Por ejemplo, de Esperanza Aguirre. ¿Cómo se explica que la financiación haya sido el lamento del señor Juan Rosell? De una forma: diciendo que se refería a los últimos diez años. De acuerdo, pero ¿cómo un dirigente patronal no crea algo de ilusión de futuro, aunque sólo sea por el cambio de giro que se está operando?
Y tercero: el mensaje del desapego de Montilla. ¿Saben cómo ha sonado en la distancia? Como una exigencia de eficacia al Estado, por supuesto; pero también como la necesidad política de aglutinar al tripartito. Hace unos días, Esquerra estaba planteando la revisión de los acuerdos de gobierno. Montilla ha dado un paso de clave interna: asumió aquella referencia de Carod ("Una cierta fatiga de España"); la incorporó a su mensaje; la superó con el desapego; disgustó en la Moncloa; pero se ganó este certificado de estabilidad del señor Carod: "El president más valiente". Contra Madrid se gobierna mejor.
Las grandes crisis se crean así: por la coincidencia de factores negativos. En la crónica del desapego de hoy, lo que se observa desde Madrid es: que la vieja reclamación económica no se calma ni cuando se corrige; que Montilla ha sido atraído por el discurso independentista; que los empresarios han entrado en la dialéctica nacionalista del victimismo, y que un problema que empezó siendo ferroviario ha sido elevado a la categoría de ingrediente de la unidad española, como pone de manifiesto esa pancarta de ERC que nos tienen que explicar: "Llego tarde al trabajo por culpa de Renfe, por eso quiero la independencia". Naturalmente, si se mezclan los cuatro factores en la misma coctelera, dan un resultado explosivo. No me extraña que Zapatero esté desconcertado y Rajoy no sepa ni cómo aprovechar la crisis en beneficio de su partido.
Y aún puedo añadir una última curiosidad. En cualquier otro lugar, cuando la sociedad está harta de los fracasos de sus políticos, los echa; los cambia en las urnas. En Catalunya, los indulta. Y los políticos, para conseguir ese indulto, invitan al ciudadano a cambiar de país.
El origen
Conde-Pumpido y Montilla coinciden en censurar al PP por el bloqueo de dos instituciones: el TC y el CGPJ. Varios catedráticos de Derecho Constitucional han recibido un encargo: estudiar cómo se podría limitar el papel de los partidos en ambos órganos. Si dan con la fórmula, podría ser una de las ofertas electorales más novedosas de Zapatero.
De los nervios
Atención al fenómeno. No es que Isabel San Sebastián haya abandonado el plató. Es que esa misma tarde Gemma Nierga tuvo que cortar un debate en La ventana por la agresividad de la discusión. Es que antes hubo un plante en el programa de Mariló Montero en Canal Sur. Tres episodios del mismo corte. Demasiada tensión. Guerras mediáticas que se convierten en cruzadas. Y una amarga premonición: todavía faltan cuatro meses para las elecciones.
Todos limpios
¿Os habéis dado cuenta? Ya no hay corrupción municipal. Ya no se detiene a ningún edil por negocios urbanísticos o invasión de zonas verdes. De pronto, todos los alcaldes y concejales están limpios de sospecha. La España local es el espejo de la ética, a juzgar por la absoluta falta de actividad de policías y fiscales. Hay que hacer honor al momento en que acabó la corrupción: fue en el mismo instante en que se cerró la última campaña electoral.
