Hay un universo de pequeñas cosas, de Quim Monzó en La Vanguardia
La Audiencia de Barcelona ha condenado a Enric Ripoll -ginecólogo de un centro de atención primaria de Montcada i Reixac- a pagar una multa de 200 euros por vejar a una paciente. Según explica la mujer, el ginecólogo no podía explorarla porque estaba muy tensa y le sugirió que se introdujese una berenjena en la vagina.
La agencia Efe detalla que, en un juicio previo en Sabadell, el médico declaró que -por los problemas de vaginitis que la paciente tenía- durante la visita apretaba en exceso los músculos vaginales, pese a sus intentos y los de la enfermera por tranquilizarla. Visto lo cual el médico le sugirió que se fuese a casa, se introdujese una berenjena y luego volviese. Con ese consejo -explicó el ginecólogo- sólo pretendía que la paciente se relajase, ya que la berenjena es a veces un sustituto del consolador, utensilio que a menudo se usa para el tratamiento de los problemas de vaginitis. El juzgado de Sabadell consideró que la conducta del médico no atentaba contra la dignidad humana y le absolvió. Entonces la paciente presentó recurso ante la Audiencia de Barcelona y pidió 3.000 euros por los daños que los hechos han causado a su vida laboral y sexual. La Audiencia ha condenado al médico, pero dice que de la indemnización de 3.000 euros ni hablar, porque los daños de los que habla no quedan demostrados.
La sentencia coincide en el tiempo con un caso escocés que también implica a relaciones afectivas entre personas y cosas. En el ambulatorio de Montcada fue un médico quien sugirió a una paciente un método de relajo muscular, no aceptado por ésta. En Escocia, en cambio, la condena ha recaído sobre un hombre al que descubrieron en un hotel copulando con una bicicleta. Lo explicaba el Daily Telegraph hace unos días: "El acusado, Robert Stewart, tenía la bicicleta cogida y movía sus caderas hacia delante y hacia atrás, como si simulase el acto sexual. Profundamente sorprendidos, los dos testigos (trabajadores del hotel) avisaron al gerente, que a su vez avisó a la policía. Stewart ha sido inscrito ya en el registro de delincuentes sexuales, pero la sentencia ha sido aplazada hasta el mes próximo. No se trata, sin embargo, del primer hombre convicto por un delito sexual con un objeto inanimado. Karl Watkins, electricista, fue a prisión en 1993 por mantener relaciones sexuales con aceras".
Es lo que se llama objetofilia. En Montcada, el protagonista del suceso es castigado por sugerirla y, en cambio, en Escocia, por practicarla. La información de este último caso no aclara si la bicicleta era masculina o femenina (dato interesante para acabar de imaginar la escena), o si se trataba de uno de esos modelos de bicicleta unisex que la evolución de los tiempos ha traído. La noticia, por cierto, permite intuir en buena medida el porqué del éxito arrollador que está teniendo el Bicing.
