La Coctelera

Reggio

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10 Noviembre 2007

Adiós a la Prospe, de John Müller en El Mundo

EN LA COLUMNA DE UMBRAL / 69

En el verano de 1989, la población del madrileño barrio de Prosperidad se incrementó súbitamente. En la calle de Sánchez Pacheco, en lo que había sido una fábrica de perfumes, comenzó un trasiego de muebles y ordenadores. Todo tenía un aire clandestino de cara a los vecinos. Bien podíamos estar montando un periódico o una timba. No en vano Jardiel Poncela decía que, a principios del siglo XX, éste era un barrio de mala muerte y prostitución.

Tres días antes de la fecha fijada para empezar a trabajar, no había dónde sentarse y Melchor Miralles consiguió prestadas en una terraza de verano 70 sillas de tijera. Ese fue mi primer trabajo en este diario: ayudar a Melchor a colocar las sillas de la redacción bajo la atenta mirada de un tipo flaco y medio sordo llamado Julio Fuentes.

Era alcalde de Madrid Agustín Rodríguez Sahagún y la Prosperidad era un barrio muy distinto. Todavía mostraba los rasgos de su mentor, el socialista utópico Ebenezer Howard, creador de La Ciudad Jardín. En ella, don Ebenezer soñaba que obreros, industrias y zonas verdes coexistirían en un apacible comunismo. La zona tenía calificación de uso industrial. Por eso el despacho de Pedro Jota estaba junto a la entrada de un garaje y nuestros vecinos eran talleres mecánicos, laboratorios y la Danone, uno de cuyos gigantescos camiones de reparto se llevó por delante mi coche (y los de varios trabajadores más, según supe después) que estaba aparcado en la esquina del diario. Sólo el gimnasio Abasota, que entonces visitaban la Infanta Cristina y alguna vez Don Felipe, anunciaba lo que sería el futuro barrio residencial y de servicios que es ahora. Tres años después, como EL MUNDO hacía honor al nombre del vecindario y crecía en todos los sentidos, nos trasladamos 250 metros hasta la sede de la calle Pradillo, 42.

En estos 18 años el millar de trabajadores del diario ha modificado el paisaje de la Prosperidad. Se han cerrado los talleres y han venido a vivir aquí personas. Multitud de restaurantes han surgido para paliar la penuria de sitios para comer que había al principio. Antes sólo se podía escoger entre comer en El Guarro (el apodo lo dice todo) o hacer una excursión a la calle Corazón de María. Donde estaba la Danone ahora construyen pisos u oficinas. Allá un hotel. Y en el gigantesco descampado que había frente al diario, hay un polideportivo con piscina, solarium y canchas de fútbol y pádel. Hasta se ha venido otro diario al barrio: La Gaceta de los Negocios. De pronto la Prosperidad tuvo un aire a lo Fleet Street, como decía el otro día Miguel Angel Gonzalo.

En las próximas semanas, EL MUNDO se irá de aquí. Ya estábamos estrechos y la nueva Unidad Editorial necesita una sede más amplia. Pero nada podrá hacernos olvidar que nacimos en el útero de la Prospe, vecindario solidario y luchador, que tomó su nombre precisamente del hecho de que aquí vivían los más menesterosos de Madrid. Barrio con mucho anarquista y mucha máquina, pero sin ninguna tradición tipográfica. Las letras impresas las trajimos nosotros, pero el espíritu pendenciero lo tomamos de aquí. Adiós a la Prospe, no la olvidaremos.

© Mundinteractivos, S.A.

Tags: john maaller

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