"Buen periodista y buena persona", de Josep Playà Maset en La Vanguardia
Javier Solana elogia la figura de Jaime Arias en el homenaje del Col·legi de Periodistes
Es un hombre sabio, ha viajado mucho y se le nota. Ha leído mucho y se le nota, es un hombre bueno y para mí un gran amigo". Con estas elocuentes palabras empezó ayer Javier Solana, alto representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, su discurso de homenaje a Jaime Arias (Barcelona, 1922), periodista, ex corresponsal y actual consejero de dirección de La Vanguardia. El acto, organizado por el Col·legi de Periodistes de Catalunya, se enmarcaba dentro de la distinción Ofici de Periodista, que reconoce la trayectoria periodística de profesionales que son punto de referencia.
Solana se refirió a su amistad con Jaime Arias, de quien dijo haber recibido siempre buenos consejos. "A veces, al leer artículos suyos sabía que eran cartas sin nombre, dirigidas a mí, y se las contestaba". Elogió el europeísmo de Arias, "defensor de una Europa fuerte y unida" cuando España aún vivía en la autarquía. Y lo puso como ejemplo "porque nunca ha impuesto nada, él sabe que no se tiene nunca toda la razón y la otra parte hay que buscarla a través del diálogo y la convicción". Con su tono pedagógico habitual, Solana explicó que en el 2015 el mundo habrá crecido en 1.500 millones de habitantes, de los que sólo 40 son de la UE. "Somos una minoría y los que no son nosotros no tienen por qué compartir nuestra visión del mundo". De ahí la necesidad del diálogo, del consenso, ideas en las que dijo sentirse al lado del periodista. El ministro de Exteriores de la UE acabó con una invitación a "seguir peleando por las mismas ideas por las que llevamos haciéndolo desde hace cuarenta años".
Jaime Arias le respondió con una conferencia donde evocó ese denso medio siglo de ejercicio periodístico que ha vivido. Y fue desgranando con anécdotas y detalles eruditos algunos de los personajes con los que se ha tuteado: Jean Monnet, Salvador de Madariaga, Josep Trueta, Jacques Delors, Josep Tarradellas, Jordi Pujol, Pere Duran Farell, Narcís Serra, Juan Antonio Samaranch -éstos dos últimos presentes en la primera fila- y, naturalmente, "el profesor Javier Solana, que es un creador de la negociación, que tiene el don de la cordialidad y es hombre de paz". Arias conoció a Solana, cuando era ministro de Cultura, en una cena en casa de Duran Farell. "En aquella charla hasta altas horas de la madrugada descubrí que el personaje iba más allá de la política".
Hablar de los otros fue un argucia para no hablar de sí mismo, del mismo modo que justificó el éxito de la convocatoria por la presencia del alto representante europeo. Arias concluyó con un elogio a los periodistas que llenaban el auditorio, extensible a toda la profesión. En primer lugar agradeció la presencia y el apoyo de Javier Godó, conde de Godó, presidente-editor de La Vanguardia, al que calificó de "profesional auténtico" que ha sabido mantener la modernidad de un diario "que da en el clavo desde el siglo antepasado". Fiel a su savoir faire, Arias elogió a los distintos directores que ha tenido y a otros profesionales como Carles Sentís, Josep Pernau, Rafael Nadal, Luis del Olmo, Xavier Vidal-Folch, presentes en la sala. Sin papeles, sin nervios, aunque la profesión va por dentro, se despidió con una loa al oficio de periodista. "Y el que tenga vocación de millonario que deje el periodismo". Sólo dejó para el final una recomendación sobre las relaciones Catalunya-España: "Estamos en un momento antecrítico, entendámonos y no echemos más leña al fuego".
Josep Carles Rius, decano del colegio, justificó el homenaje porque "en Jaime Arias las condiciones de periodista y persona van íntimamente unidas, y es un buen periodista porque es una buena persona". Coherencia, honestidad, sabiduría compartida han sido el signo de identidad de su carrera. También su contribución a la democracia y su visión de "una Catalunya plural y no sectaria". Según el decano, "por su discreción y humildad ha vivido el riesgo del olvido". A juzgar por la nutrida presencia de periodistas, no es así. Parafraseando el título de su primer libro, escrito en 1947, lo menos que se puede decir es que Le hemos visto pasar. Y su estela, como dijo Javier Solana, es la de "una pluma abierta, serena y honesta".
