La Iglesia se niega a dejar sus templos en manos de los funcionarios de la Cultura, para que hagan en ellos sus aquelarres, de Juan Vega en su Blog
La primera vez que leí algo serio sobre el carácter religioso de la Cultura contemporánea –la cultura del estado-, la idea de Cultura, es decir, ese mito creado por el poder para anegar al pueblo con mensajes in-significantes, que acentúen los complejos de buena parteEl Mito de la Cultura de la ciudadanía –quienes dicen lo de “yo de eso no entiendo”-, al establecer la frontera que separa a los “iniciados” de los “ignorantes”, con relación a fenómenos iniciáticos -reservados a los miembros de las sociedades de “iniciados”- como la pintura, la arquitectura, la literatura y otros que forman parte de las manifestaciones formales del mito, fue en “L’Etat Culturel” de Marc Fumaroli. Gustavo Bueno publicó después “El Mito de la Cultura”, y concretó el núcleo de esos misterios del estado moderno en la idea de Cultura, como heredero contemporáneo del papel de la Gracia -esencia de lo misterioso- en tiempos de lo que fueron nuestros antepasados.
Me impresionó muchísimo el descubrimiento, pues llevaba toda mi vida dedicado al conocimiento y la comprensión, de fenómenos como la pintura, el cine, las artes aplicadas, el comic, la ópera, la novela, e incluso la filosofía, dentro de la enorme empanada en la que formamos nuestra vocación humanística, quienes fuimos víctimas de la clase docente iletrada que nos cayó en suerte en la Universidad de finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Recuerdo la rebelión que experimenté al chocar con la monstruosa asignatura titulada “Pensamiento Artístico” que impartía la catedrática Mari Cruz Morales Saro -conservo celosamente sus apuntes- a la que luego vi justificando iniciativas atroces como la destrucción de la Estación del Vasco de Oviedo, al servicio del poder político, o convirtiendo a Roberto Frassinelli, el “Alemán de Corao”, en un personaje imposible, por encargo de Ignacio Quintana Pedrós, que era subsecretario del Ministerio de Cultura, cuando pretendía ser especialista en el anticuario alemán. De aquella todo político tenía que “ser especialista” en un personaje “cultural”.
Me resultó muy útil seguir leyendo, y seleccionar cada vez más mis lecturas, para evitar el pensamiento diarreico que amenaza con la dispesia mental omnipresente. La madurez intelectual sirve para discernir, a medida que el criterio se refina. Marc FumaroliEl camelo de la Cultura, el mundo de la Cultura, los profesionales de la Cultura, los funcionarios culturales, lo tienen cada vez más difícil, porque su competencia con la religión, con los hombres de la Iglesia, en la creación de ceremonias de impacto y en el planteamiento de misterios insolubles con los que maquillar catástrofes presupuestarias, es una carrera perdida: la Iglesia lo hace mejor, con mucha más experiencia y capacidad, y juega con la ventaja de que para promocionar el misterio es mucho más poderoso un punto de partida metafísico que un presupuesto que siempre es limitado, por mucho que siempre esté ahí un Emilio Sagi para justificar cualquier dispendio, aplaudido por algún crítico musical presto a saltar sobre el pastel, cuchara en mano.
En la disputa sobre los usos de la Iglesia/Capilla de la Universidad Laboral José Antonio Girón de Velasco, se percibe con especial intensidad la fuerza de este debate que tiene que ir llegando a una ciudadanía a la que se sigue engañando con fuerza indiscutible, pero que cada vez cuenta con más datos para rechazar, por estúpidos, los camelos del poder y los escenarios procelosos que el estado utiliza en sus fastos actuales, para nada diferentes de los caprichosos túmulos funerarios de los monarcas absolutos, que tuvieron a su servicio, escogidos con verdadera capacidad, a los artistas de los tiempos en que el arte era el Arte, y no la intrascendete colección de mamarrachadas que amenazan con la ruina económica en las ferias del sector, como ARCO, cuyos directivos ya no saben ni en qué consiste su mercado.
En otros tiempos, los hombres de iglesia se encargaban de esos espectáculos. Botafumeiros, mitras, capas, ornamentos eclesiales de todos los tipos, sagrarios, copones, aspersiones litúrgicas, rezos, lecturas sagradas y reflexiones pastorales, eran utilizadas en los actos de los señores temporales para darle fuerza y consistencia a su papel como autoridades. Ahora los señores temporales ya no recurren a la Iglesia para tales menesteres, y para sustituirla, tienen gestores, animadores, funcionarios y ejecutivos culturales, que a su vez crean empresas para subcontratar esos servicios, que cada vez son más cutres, absurdos e injustificables. Las catedrales, las parroquias y las capillas, han sido substituidas por los grandes centros culturales, auditorios, teatros, museos y centros de interpretación; las casas de la cultura y las pequeñas salas de exposiciones, han ocupado el espacio religioso en los últimos rincones administrativos de la sociedad contemporánea.
Allí donde antes se utilizaba el hisopo y frases litúrgicas para dar consistencia a la inauguración de un embalse o una carretera, se ha pasado a la invocación de las palabras de un poeta, la interpretación de una cacofonía de Llorenç Barber, la instalación de un horroroso artefacto del escultor de guardia o la lectura de las reflexiones del director general de Cultura de la administración de turno, que siempre invocará cuestiones tan incomprensibles como el Misterio de la Santísima Trinidad, para reforzar su posición de nuevo hechicero de la contemporaniedad atea.
Vicente Álvarez Areces, un hombre que sin duda siempre estuvo presionado por un gran complejo cultural, anclado en sus orígenes clandestinos, encargó un Plan Director de la Laboral al arquitecto y ex alcalde socialista de Santiago de Compostela, Xerardo Estévez. Estévez entregó esto, que respondía a lo que le pidieron antes de que lo entregase, porque eso era lo que se quería, y hacía falta un Plan Director, para hacernos creer que había una dirección detrás de semejante tortilla de patata: LABoral
El Plan Director de Estévez
1.-Convento de las Clarisas (área museística): 4.800 m
2.-Hotel: 5.700 m2
3.-Teatro: 6.900 m2
4.-UNED: 2.100 m2
5.- Torre (área museística) 700 m2
6.-Escuela Universitaria Jovellanos: 20.500 m2
7.-Iglesia (área museística): 1.200 m2
8.- Escuela universitaria de trabajo social: 5.500 m2
9.- Formación profesional: 13.500 m2
10.- talleres FP :17.000 m2 / centro de arte contemporáneo: 11.000 m2
El proyecto dirigido por Xerardo Estévez dedicaba 5.700 metros cuadrados al hotel, 11.000 al Centro de Arte Contemporáneo, 9.000 al área museística y 28.000 a sedes universitarias. Eso era el Plan Director. Lo que hoy hay en la Laboral es el producto de un capricho anárquico, del que está ausente cualquier proyecto -sin modelo de gestión alguno- que se ha ido construyendo con las ocurrencias de unos y de otros.
LABoral, como ahora llaman a la Universidad Laboral José Antonio Girón de Velasco, es fundamentalmente la sede de la RTPA, una absurda galería de arte que desperdicia miles y miles de metros cuadrados en nada, una torre con un ascensor que permite magníficas vistas panorámicas, un centro de formación profesional acosado, la sede de unas instalaciones de la ThyssenKrupp, la UNED, un restaurante que está “marchando”, un hotel que lleva varios concursos porque nadie lo quiere realmente, una capilla acosada y un teatro del que salió corriendo Daniel Gutiérrez Granda, porque no estaba dispuesto a sufrir la visionaria y pandemoníaca gestión de Jorge Fernández León, el hombre al que hay que reconocer, que gracias a su fidelidad a Areces, ha conseguido, medio sonado eso sí, hacer las locuras que se le han pasado por la cabeza, hasta límites que hace veinte años, cuando financiar el Reina Sofía parecía imposible, resultaban inimaginables.
El choque entre el Arzobispado, que se niega a dejar un Templo católico Tensión en LAGirónen manos de unos hechiceros culturales descerebrados e incultos, para que hagan en él un “centro de interpretación” o cualquier otra mamarrachada, de acuerdo con el último artículo que haya leído el funcionario que más manda en ese momento, es revelador.
La Iglesia se resiste a dejar paso libre a la transformación de sus templos en recintos para que los nuevos gurús hagan más tonterías. LABoral, LAGirón, como denomina en realidad la gente el invento, es un fracaso, porque la idea religiosa de la Gracia no puede ser sustituida con éxito por los misterios inventados por los funcionarios. Los sacerdotes lo hacen mucho mejor, su estética está depurada por milenios de experiencia, y su actividad sometida a la disciplina y el protocolo de la Iglesia. Lo de los funcionarios culturales es el horror al vacío que se llena con el desconcierto de una ropavejería y la anarquía mental con la que un chamarilero monta su negocio.
No hay nada más, no hay nada que “entender”, sólo papanatismo, ignorancia y falta de lecturas llevadas al cubo, que se justifican con la colaboración de unos supervivientes procedentes de un circuito cosmopolita, que viven de este circo, y que recorren Europa y América organizando chorradas “artísticas”, “teatrales”, “culturales” en definitiva.
Ahora lo que llega es la hora del exorcismo. La Iglesia/Capilla de LABoral, sigue allí, cubierta por las deyecciones de las palomas que revolotean bajo las arcadas decrépitas, de las que se desprende la carga que cubre la obra llena de trampas de un edificio que es todo fachada y del que en realidad sólo se ha “rehabilitado” un 20% de la superficie total. Las desviaciones presupuestarias y las ocurrencias, como la de la pista de patinaje, para atraer como sea al público, ocultan un fracaso de gestión estrepitoso.
INSANE EXORCIST, REMIX THEME (KIDDKAIN)
