Se anuncia para la próxima campaña de Navidad un videojuego sobre la guerra civil española. Se trata de un juego de estrategia "a tiempo real" en el que los jugadores pueden enrolarse en uno u otro bando y "decidir" virtualmente el curso de las batallas. O por lo menos así lo publicitan: "¿Nacionales o republicanos? Ahora la historia depende de ti".

No nos jodan. La historia depende de nosotros, sí. Pero no la historia pasada. La historia pasada pasada está, sin posible vuelta atrás. Sólo la historia futura está por construir. Y se construye también con la idea que nos hayamos hecho de lo que fue. Una idea a la que también contribuyen productos como este videojuego, que nos presenta lo pasado no sólo como algo todavía presente sino también, ¡ay!, como algo modificable.

Cuando lo más saludable sería convertir de una puñetera vez la guerra civil en historia. Jugando, jugando, ¿vamos a volver a matar a rojos en Badajoz o en Granada? ¿Vamos a volver a fusilar a curas en el frente vasco, en el cementerio de Montcada o en la playa de Calafell? ¿Vamos a bombardear de nuevo sobre la población civil de Granollers o Gernika? Jugando, jugando, ¿vamos a matar y a morir por creernos otra vez salvadores de nada?

Sí, ya sé que se trata sólo de un juego. Y que si a veces se las cargaron los juegos de rol, ahora no tienen por qué ser los videojuegos. Pero ni los juegos de rol ni los videojuegos construyen otra realidad que la que se instala en los discos duros de los que los practican. Si estos llegan a bloquearse, si llegamos a confundir el plano virtual con el plano real, entonces sí que pueden darse todo tipo de desgracias. Y así estamos. Viene un videojuego que tiene un consumo previsto de muchos soldaditos potenciales.

Y ahora sale Quico el Progre y dirá que esto es mierda para nuestros adolescentes, que - ahora que se ha abolido la mili y que las guerras ya no se llevan- van a tener que enfrentarse, paradójicamente, en el espacio virtual de un videojuego.

Pero ¿y qué? Dejemos que la gente mate y se muera en pantalla si así se desfoga. Un videojuego sustitutorio como éste (y todos lo son) puede llegar a ser tan estupendamente terapéutico como el más apasionante partido de fútbol "de la máxima rivalidad". O como estas Escenas de matrimonio que nos echan por la televisión como gran metáfora de la inacabable guerra civil de baja intensidad entre las dos Españas del PSOE y el PP.