BULEVAR
Vuelta a empezar. De nuevo ataca el Consell de les Arts. Tras meses a la espera de impulso, coge carrerilla y amaga con driblar.¿A quién? ¿A los creadores? Aún no se sabe, pero a ellos ya se les pasea la mosca por detrás de la oreja.
Lo del Consell de les Arts -ya veremos si éste es finalmente su nombre o cada vez que queramos mencionarlo habrá que cansarse en ese Consell Nacional de la Cultura i les Arts de Catalunya, que supongo acabará abreviado en un CNCAC de pronunciación imposible- es un compromiso del primer tripartito que ahora, cuando el segundo tripartito lleva ya un año a sus espaldas, entra en discusión en ponencia parlamentaria y después tendrá que ser aprobado por el pleno del Parlament. O sea que, con suerte, lo tendremos listo, más o menos, para el verano.
Nos quedan por delante muchos meses para dimes y diretes, demasiados meses que conseguirán que lleguemos cansados al momento más esperado.Tatatachán. El del reparto, la ruleta o tómbola. ¿A quién le tocará en suerte el cargo de conseller -ya sean siete, 14 o 23- del Consell?, ¿a quién el de presidente? y ¿a quién el de director? Las quinielas de posibles candidatos corren que se las pelan hace meses; y la espera está siendo tan larga que a más de uno la boca ya se le ha convertido en un lago de tanto salivar ante el dinero en forma de sueldo que promete Pavlov.
Y, ¿para qué decidió el primer tripartito que había que inventarse este nuevo organismo en un ya amplio organigrama? Lo hicieron con la sana intención de que las políticas culturales no dependieran de quien está en el poder. Y eso, para qué negarlo, no está nada mal. Pero, ¿por qué se prevé para la cultura y no para la educación o la sanidad? Porque tampoco parece tener mucha lógica que cada vez que cambia un gobierno se modifique el sistema educativo con el descoloque que eso conlleva en el personal. ¿Y cuál es más importante?, de descoloque, digo. ¿El de los profesores? o ¿el de los alumnos? No hay duda, creo. El de los alumnos, convendrán conmigo.
Pues en este CNCAC parece que el descoloque que más importa es el de los profesores-creadores, parece que las políticas culturales del Govern se hacen para ellos y no para quien recibe la cultura, para todos los que votamos, pagamos, vivimos y trabajamos en Cataluña.
Es cierto que hay que tener en cuenta lo que los creadores opinan.porque saben más de cómo es la creación que el resto de los mortales.Pero no hay que olvidar que la cultura necesita a los consumidores y que las políticas de un Govern no se pueden hacer pensando en unos pocos elegidos, sino en todos y para todos.
En fin, que esos creadores con la mosca paseándoseles tras la oreja deben trabajar para que el Consell sea bueno para todos.Y no para que sea bueno para ellos, que no estamos hablando de un convenio colectivo o de una regulación del sector. Se trata de otra cosa.
© Mundinteractivos, S.A.

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