El doblaje: la mentira del cine español ayer y del catalán hoy, de Iván Tubau en El Mundo de Cataluña
BULEVAR
Mi compañero y sin embargo amigo Arcadi Espada metió en su blog una bandera española y Suspiros de España. Lo mejor que se puede hacer con una bandera no es quemarla. Es comérsela, introduciéndola así en el sistema digestivo. La de Arcadi -dos franjas rojizas y entre ambas una amarillenta- era de jamón ibérico: antes de la excreción podíamos darle gusto a las papilas.
Los suspiros de España los cantaba Estrellita Castro en una película de 1938 rodada en los estudios del Berlín nazi. Que todo era mentira queda clarísimo gracias al play back: si alguien no percibe que movimientos de los labios y expresión facial de Estrellita no se corresponden con el sonido pregrabado, merece ser nacional.Español, por supuesto, qué más da. Tras la victoria franquista, la mentira prosiguió: antes de Querejeta, nunca en España al rodar se tomaba sonido directo. A Emma Penella la doblaba una actriz de doblaje. A Joan Manuel Serrat, un actor de doblaje cuando hablaba. Cuando cantaba era él en karaoke, como Estrellita: nunca expresión sonora y expresión facial coincidían.
Aún hay españoles que consideran tontos a los norteamericanos, que nunca han aceptado la mentira del doblaje: los nacionales siguen tragándosela. Si un actor quiere trabajar en Hollywood, tiene que aprender inglés. Aquí, a un americano lo doblan y santas pascuas. Sergi López rueda en francés en Francia en directo, con su acento «español». Aquí le doblan: los distribuidores españoles consideran que tiene demasiado acento «catalán». ¿Y el cine catalán? No existe, si significa en lengua catalana. Si -como dijo aquel presidente- el catalán es el ADN de los catalanes, cine catalán equivale a mentira absoluta, mero invento a efectos de subvención. Llaman versión original (para la subvención) a una versión doblada al catalán. Es decir, falsa: todos los actores, incluidos los catalanes de inmersión o soca-rel, han rodado en castellano o inglés (salvo en la recentísima Barcelona de Ventura Pons, como bien observa en Guía del Ocio lex Gorina).
Ya La ciutat cremada, primera joya del cine «catalán» posfranquista (la ponen mañana en la Filmo), se hizo en castellano desde el guión mismo. Igual que Anem-nos-en, Bàrbara. Sé de qué hablo (nunca mejor dicho): fui actor en las dos. Eso sí, Amparo Soler Leal, yo mismo, Julieta Serrano y algunos actores secundarios -salvo Pau Garsaball todos habíamos dicho el texto en castellano al rodar- nos doblamos en las dos versiones, si bien la castellana fue la primera (¿la original?) y se hizo en el estudio de doblaje Exa, madrileño. Después, doblaje en el estudio catalán Voz de España [sic] y subvención de la Generalitat.
¿Es la voz del actor lo más importante? No: es la coincidencia exacta -indispensable para sensibilidades artísticas refinadas- entre la expresión de la voz y la del gesto. Solo puede conseguirse si una y otra son simultáneas. Como en la vida real. España es un país doblado. El trocito llamado Cataluña, más aún.
Ivan.Tubau@uab.es
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