LA LUCHA CONTRA LA CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA
La medida propuesta por la Generalitat de Catalunya de limitar la velocidad de circulación a 80 km/h en un total de 77 km de vías rápidas de los accesos a Barcelona es correcta, necesaria, pero insuficiente (independientemente de métodos y otros fallos). Se debería haber tomado hace ya unos cuantos años, pues Barcelona y su área de influencia atmosférica están sufriendo un progresivo deterioro de la calidad del aire, de una forma más importante en los últimos años, especialmente en partículas y óxidos de nitrógeno. Más todavía cuando están entrando progresivamente para el año 2010 unos valores límites de calidad del aire más exigentes, con el objetivo de tener un aire más limpio y mejorar las condiciones de salud. Esta medida responde, asimismo, a la lógica del grado de urbanización, en aumento, del área metropolitana de Barcelona. En los últimos años la ciudad ha crecido: en los años 60 alcanzaba la plaza Cerdà, mientras que hoy en día es un continuo hasta el río Llobregat, y lo mismo se podría decir por el lado del río Besòs.
NO ES UNA medida novedosa e innovadora. La efectividad de sus resultados depende no solo de la velocidad de circulación, sino también del grado de congestión existente donde se aplica: funciona mejor en sistemas de tráfico no congestionados, como se ha demostrado en muchas ciudades europeas (Viena, Munich, Berlín, Rotterdam, Zúrich, etcétera). Hay estudios de la Unión Europea que permiten afirmar claramente lo anterior. Se debe tener en consideración que lo aprobado es un plan para la mejora de la calidad del aire, plan que viene impuesto por las directivas de la Unión Europea. Se debe recordar que este plan no solo incluye esta medida, sino un conjunto total de 73.
El Reial Automòbil Club de Catalunya (RACC) también tiene parte de razón. Barcelona es un área metropolitana congestionada. Entre otros datos, lo confirma el elevado porcentaje de motos y motocicletas en circulación (del orden del 25%), por lo que es previsible que el alcance de la medida anterior sea limitado, pero falla en la alternativa. Un sistema variable de control de la velocidad lo único que hace es intentar optimizar más un sistema ya muy optimizado, con grados muy limitados de mejora, intentando defender el tráfico, y no orientando las soluciones a la calidad del aire -y los riesgos para la salud asociados-, que es un problema muy importante, además del de la movilidad.
CUANDO SE circula a baja velocidad, el motor está fuera de su zona óptima y con malas condiciones de combustión, y, en consecuencia, emite más monóxido de carbono, más hidrocarburos inquemados y partículas; mientras que cuando se circula a altas velocidades, el motor está demasiado acelerado, más caliente, y emite, principalmente, óxidos de nitrógeno. De ahí que haya una zona óptima donde el consumo y las emisiones son menores. Lo que es fundamental es que cada uno de nosotros sea consciente de que tenemos que conducir de una forma más pausada, que no estamos en un circuito de velocidad, sino que estamos compartiendo un espacio de convivencia.
Los estudios sobre las ciudades de Barcelona y Madrid, desarrollados en el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), con la utilización del superordenador Mare Nostrum, y en los que se han considerado escenarios que suponen el uso alternativo de gas natural como combustible o de vehículos híbridos, indican resultados positivos de reducción de consumos y de mejora de la calidad del aire, especialmente en el centro de dichas ciudades. Confirman que las medidas son necesarias y posibles, que permiten la reducción de las emisiones unitarias, pero con un alcance limitado.
Lo que está claro es que tomar o plantear acciones de reducción de emisiones únicamente, aunque son necesarias y positivas, tiene un alcance efectivo bastante limitado e insuficiente para la magnitud del problema que tenemos. Ello nos lleva, nos obliga, a adoptar otro tipo de medidas, más difíciles de tomar y asumir, que implican intentar descongestionar el tráfico, es decir, reducir el número de vehículos que circulan. Este planteamiento tendría, además, las siguientes ventajas: 1) Mejora de la calidad del aire y, en consecuencia, de la salud, 2) Mejora de la circulación, 3) Menor contaminación sonora -ruidos- y 4) Menor estrés urbano, al tener menos coches moviéndose en las calles. Es decir, peatonalizar más la ciudad. En síntesis, hacerla más humana.
ASIMISMO, este problema de calidad del aire, que tiene un carácter local y regional, está absolutamente asociado con el actual cambio climático, de alcance global. Lo que obliga también a reducir los consumos energéticos y las emisiones de contaminantes, por lo que ambos objetivos son solo uno en realidad. Y, más particularmente, en este momento, en el que, en Catalunya, se acaba de abrir finalmente un proceso de discusión, en el marco de la Convención Catalana del Cambio Climático, que pretende adoptar todo un amplio conjunto de medidas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y conseguir el objetivo de reducir en 5,3 Mt (millones de toneladas) las emisiones de dióxido de carbono cada año.
José María Baldasano. Catedrático de la UPC y director de Ciencias de la Tierra del Barcelona Supercomputing Center.

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