El prestigioso arquitecto Santiago Calatrava acaba de visitar Oviedo para revisar el proyecto de los palacios, que está integrado por los antiguos terrenos del Carlos Tartiere en Buenavista y por los del Vasco en Jovellanos.
Éste es uno de los proyectos urbanísticos de mayor envergadura (en superficie, volumen, diversidad de construcciones, coste y proceso) desarrollado por el Ayuntamiento de Oviedo en toda su historia, en el que, además, se incluyó desde el planeamiento urbanístico de las parcelas hasta la venta y explotación de lo que en ellas se construyese. Todos estos factores han facilitado que todo el proceso de ejecución de este proyecto, ya desde antes de su contratación a la empresa Jovellanos XXI, haya estado caracterizado por la confusión, datos contradictorios y falta de transparencia.
Baste recordar que una vez que quedó desierto el primer concurso, se hizo uno nuevo justo a la medida de la empresa Jovellanos XXI.
Además, este proyecto ha sufrido, desde su adjudicación en julio de 2002, todo tipo de modificaciones. Hasta tal punto que podemos afirmar que el Palacio de Congresos es prácticamente el único elemento que se mantiene sin modificaciones relevantes. Que, por cierto, insisto, es un buen ejemplo de cómo un diseño grandioso mal ubicado se transforma en monstruoso. En la inauguración del nuevo el Prado, lo ha dicho el Rey de España: «Rafael Moneo ha sabido vertebrar de forma armoniosa espacios y usos», justamente lo contrario de lo que ha hecho Calatrava en Buenavista con el Palacio de Congresos. ¿Por qué lo han permitido los ovetenses?
La ciudad no es de Calatrava, ni de Jovellanos XXI, ni del alcalde Gabino, la ciudad la decide su ciudadanía, sus elementos arquitectónicos reflejan lo que Oviedo ha sido y lo que es, su identidad, lo que la define y diferencia. Entre ellos hay cohesión, equilibrio y estrechas relaciones, la ciudad se asemeja a un ser humano, tiene elementos similares, su corazón, su motor, su centro neurálgico, su periferia, su memoria, su visual, todo esta ahí, bajo la forma de edificios y vías de comunicación con sus contenidos.
Es obvio que la empresa Jovellanos XXI le ha comprado a Calatrava un proyecto de Palacio de Congresos que no le corresponde al solar del antiguo Carlos Tartiere. Lo he dicho antes de empezar a construirse y lo repito ahora, cuando se finaliza.
Ahora Calatrava ha venido a Oviedo fundamentalmente con el objetivo de reabrir la parte del proyecto a ejecutar en los antiguos terrenos del Vasco, que estaba totalmente paralizada y que, junto con la parte de Buenavista, estaba previsto finalizar en noviembre de 2006, de acuerdo con la adjudicación del contrato.
Santiago Calatrava, hablando y pintando, nos ha dicho que el Vasco es la puerta a la ciudad desde la «Y», su tarjeta de presentación y una parte crucial de Oviedo. Con ello, seguro que estamos de acuerdo la mayoría de los ovetenses, incluido el alcalde Gabino. Pero los ovetenses, además de lo obvio, sabemos que el Vasco ha sido una de las dos grandes puertas de Oviedo desde mucho antes de la «Y», nada menos que desde hace más de cien años, cuando se construyó la estación del Vasco, y que desde entonces sus terrenos fueron de uso público.
También sabemos que el año pasado, en pleno centenario de la estación del Vasco, el Ayuntamiento de Oviedo vendía a la empresa Jovellanos XXI los terrenos que le quedaban en el Vasco, produciéndose así otra modificación más en el contrato del proyecto de los palacios.
Esta breve reseña pretende, una vez más, poner en evidencia la existencia de unos derechos históricos de Oviedo, de los ovetenses, sobre los terrenos del Vasco en lo que se refiere a su utilidad pública. Los ovetenses deben tener claro que los terrenos son de Jovellanos XXI, pero el vuelo y el uso, no.
Así fue cómo el proyecto de los palacios y Cinturón Verde se cruzaron en el Vasco uniendo sus fuerzas especuladoras y acabaron con el último vestigio de terreno municipal.
El alcalde Gabino estaba más preocupado por hacer caja que por el futuro de Oviedo.
Así es como Oviedo, en los últimos años y ante la pasividad de la mayoría de los ovetenses, está sufriendo un proceso progresivo de desinversión o venta del patrimonio municipal con la disculpa de hacer caja que es devastador para su futuro como ciudad.
Es cierto que para los que sólo se preocupan por las apariencias, Oviedo está de buen ver, con sus farolas, sus flores y sus fuentes, pero todo eso es flor de un día porque lo más importante en un Ayuntamiento son los servicios y el patrimonio municipal, ahí es donde radica su razón de ser y su capital.
También nos dicen lo que ya sabíamos, que en el Vasco se construirán tres edificios de viviendas y un centro comercial, eso sí, todo ello enmarcado en una zona verde a imagen del Campo San Francisco (no queda claro si en cuanto a superficie o a desniveles), y que los nuevos volúmenes requerirían una modificación del PGOU (otra más).
Por una parte, se dice que los terrenos del Vasco tienen un significado especial para Oviedo, por cuanto son parte crucial, puerta y tarjeta de presentación; y por otra se nos anuncian más viviendas y más centros comerciales. Nuevamente, parece obvio que las construcciones anunciadas no son coherentes con la valoración realizada del Vasco por el arquitecto Calatrava y que supongo compartirá el alcalde Gabino.
Lo que se haga en el Vasco debe dejar huella, debe cumplir esas premisas de reflejar lo que ha sido y es el Vasco para Oviedo. Además, uno de los elementos a construir en esos terrenos debería restituir al menos parte de la utilidad pública histórica y visualizar una de las señas de identidad más relevantes de Oviedo, que es su vocación cultural, cuya capitalidad, en ese sentido, debe trascender los límites de Asturias y colaborar así a ser la capital cultural del norte de España.
Como ha dicho Calatrava, «un proyecto restitutivo». Que esas buenas palabras se transformen en un proyecto coherente con las mismas y que no exista un abismo entre las palabras y los diseños, como ha ocurrido con el diálogo de su Palacio de Congresos con las torres de Buenavista.
Además, el Ayuntamiento de Oviedo, y en especial Gabino como alcalde, está en deuda con Oviedo por toda la operación urbanística que supuso la supresión del cinturón de hierro y ésta de los palacios, en las que Oviedo en lugar de ganar patrimonio lo ha perdido.
El alcalde Gabino tiene ahora la última oportunidad para pagar esa deuda pendiente, que debería resolverse restituyendo al menos parte de la utilidad pública del Vasco, tal como estaba previsto hace años con un equipamiento cultural y también tal como estaba previsto en el proyecto de los palacios cuando se adjudicó.
Por todas esas razones, y seguro que alguna más, el alcalde Gabino está obligado a realizar una última modificación en el proyecto de los palacios, esta vez en beneficio de Oviedo; si no lo hace, habrá cometido una grave injusticia con su ciudad y con su futuro como capital cultural.
Wenceslao López, ex concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Oviedo.

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