El cine imita a la vida: "Adiós pequeña, adiós"

Una niña desaparece de su casa sin dejar rastro. No hay nadie con ella para vigilarla. Se sospecha que ha sido raptada mientras dormía. La policía investiga varias hipótesis al respecto, a su ritmo. Y a su vez los parientes de la niña, ante lo que consideran pasividad policial, se movilizan por su cuenta, dando publicidad al asunto. Llegan entonces decenas de periodistas y, con ellos, las cámaras quedan instaladas permanentemente frente a la puerta de la atribulada familia. Nadie quiere perderse ni una sola de las lágrimas que derrama la inocente madre. ¿O no es tan inocente como ella dice? Dos días, tres días, y el reloj sigue corriendo…

Así arranca "Adiós pequeña, adiós", de Ben Affleck, su segundo filme como director. Existe otro anterior suyo, rodado hace diez años, un filme de sonoro título –"Yo maté a mi esposa lesbiana, la colgué de un gancho de carnicero, y ahora tengo un contrato de tres películas con la Disney"- del que el propio Affleck reniega en cuanto puede.

Pero volviendo a "Adiós pequeña, adiós", ignoro si este actor metido a director estaba al tanto del caso de los McCann cuando encaró su dirección. Seguramente no. Una película así no se improvisa. Es más, cualquier tipo de sospecha desaparece en cuando se sabe que el filme en cuestión se basa en una novela de igual título escrita en los años noventa por Denis Lehane, autor a su vez de "Mystic River", otra de las novelas de este autor de Boston -como el mismo Affleck- adaptada al cine por Clint Eastwood. Por supuesto que Lehane no tenía ni idea del sórdido asunto Madeleine ni del eco mediático que iba a tener, sencillamente porque cuando escribió "Adiós pequeña, adiós" ese caso no se había producido todavía. Pero ahí están las coincidencias.

Tantas, que, al parecer, el lanzamiento en Gran Bretaña del filme de Ben Affleck, previsto para el próximo mes, se ha pospuesto indefinidamente. Las autoridades británicas aducen que hay demasiadas similitudes entre "Adiós pequeña, adiós" y el caso real de Madeleine McCann, la niña de cuatro años desaparecida el pasado verano de la casa de vacaciones que su familia tenía en Playa de Luz, una pequeña ciudad turística del sur de Portugal. Y eso no es bueno para nadie, subrayan, ni para la película ni para la investigación en curso.

La vida imita al cine: "Código desconocido"

Todos lo hemos visto en televisión. O nos han hablado de ello. O podemos verlo ahora mismo en internet. Llamémosle, por simplificar, "la agresión en los Ferrocarriles de Barcelona a la joven inmigrante ecuatoriana". Ya sabemos de qué hablamos. No hacen falta más detalles, ¿no?

Pues sí, si que hacen falta. Todos los detalles que dio años atrás de una acción semejante el director austríaco Michael Haneke en un filme desesperanzado y duro como pocos llamado "Código desconocido" (2000). En una de las escenas del filme de Haneke, una indefensa Juliette Binoche también es atacada ante la indiferencia de otros pasajeros del metro en el que viaja. En su caso, el agresor es un emigrante. Pero la brutalidad de su acción es acogida con la misma indiferencia por los demás. Incluso por ella misma. Uno diría que esa cinta de ficción, tan dura de ver como la realidad del ataque a la joven ecuatoriana, aporta un poco más de comprensión al asunto –aunque ni asomo de piedad- que la que se desprende del acta fría que levanta de la realidad la cámara de vigilancia. La ficción en este caso no sólo imita, sino que se adelanta en varios años a la realidad.

Por si no conocen a Haneke, su cine se suele caracterizar por su frialdad y desesperanza. El peor profeta que podíamos tener…