EL VIAJE REAL

Las razones del Gobierno

El Gobierno cree que su buena relación con Marruecos amortiguará la tensión, pero sabe que Mohamed VI tiene que dar respuesta a los nacionalistas - El presidente informó del viaje a Rajoy

El presidente del Gobierno considera que la visita de los Reyes a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla prevista para el próximo lunes y martes es un «asunto de Estado» y como tal lo ha preparado. El viaje es de la máxima trascendencia tanto por su significado interno cómo por sus implicaciones para la política exterior. La importancia que se otorga a la visita es tal que, pese a prepararse desde hace tiempo, se ha llevado con total discreción. El propio Zapatero informó de la visita al líder del PP, Mariano Rajoy, durante la cena de gala con la que se inauguró la ampliación del Museo del Prado, según confirmaron fuentes populares.

Está previsto que el anuncio oficial y detallado del viaje se realice hoy tanto desde Moncloa como desde el palacio de La Zarzuela. Previsiblemente, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, proporcionará la lectura política del mismo y destacará su trascendencia al término de la sesión semanal del Consejo de Ministros y, en paralelo, la Casa del Rey explicará los detalles del programa oficial que realizarán Don Juan Carlos y Doña Sofía, el lunes, en Ceuta, y el martes, en Melilla, donde la expectación tanto política como ciudadana es extraordinaria. Las buenas relaciones del Gobierno de Zapatero con Rabat, la necesidad de destacar el papel y la labor del Rey en función de todos los españoles y el deseo de demostrar que la unidad de España es un hecho frente a las tesis que hablan de la ruptura de la cohesión nacional, son las tres claves que han decidido la oportunidad del viaje de Don Juan Carlos y Doña Sofía, el primero de su reinado a las ciudades norteafricanas.

Temor a un rifirrafe

La primera de estas razones tiene un peso especial. Las visitas de los más altos representantes institucionales a las dos ciudades autónomas han sido siempre muy escasas. Sobre ellas siempre pendía el temor al estallido de un rifirrafe diplomático con Marruecos que, históricamente, ha reivindicado los dos «presidios ocupados» como parte de su territorio.

Con más o menos vigor, Rabat siempre ha expresado su malestar cuando, a través de una presencia institucional de alto rango, ha quedado patente por parte de Madrid que Ceuta y Melilla son españolas sin discusión. Así sucedió cuando los presidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar viajaron a las dos ciudades, aunque lo hicieron en calidad de jefes de sus respectivos partidos. Y así sucedió también cuando, en enero de 2006, José Luis Rodríguez Zapatero las visitó, esta vez sí, como presidente del Gobierno.

Ahora, sin embargo, la situación es distinta. La política de complicidad con Rabat diseñada por el Gobierno socialista y que tiene su máxima expresión en la complacencia con la que España ha recibido los planes marroquíes para hacer del Sáhara una provincia con régimen autónomo, deberían tener recompensa.

Mohamed VI ha sido informado de la visita de los Reyes, de manera que Moncloa tiene el convencimiento de que el viaje no provocará un conflicto de grandes dimensiones, aun cuando altas fuentes diplomáticas reconocen que el monarca marroquí deberá enfrentarse a las protestas que, sin duda, le plantearán los partidos más nacionalistas de Marruecos y que, en consecuencia, su nuevo Gobierno se verá obligado a mostrar, de cara al público, su rechazo al viaje.

No obstante, las mismas fuentes apuntan que la justificación que Mohamed VI podrá utilizar en último término será clara: la gran prioridad de Marruecos son las llamadas provincias del Sur; a cambio de ellas, todo lo demás puede esperar. El que España apoye en la ONU el plan de autonomía para el Sáhara, alineándose con las tesis de EEUU y Francia, bien vale el hacer la vista gorda con una visita de los Reyes a las dos ciudades, aunque ésta tenga por objeto ratificar su españolidad.

En el plano interno, el viaje tendrá doble lectura. Por una parte quedará patente que Don Juan Carlos es el Rey de todos los españoles. Todavía no se han revelado los detalles de la visita, pero todo indica que los monarcas dedicarán muchos gestos a la población, a sabiendas de que hasta la fecha, ceutíes y melillenses siempre se han sentido olvidados. El paso de Don Juan Carlos y Doña Sofía será una fiesta de exaltación nacional, símbolos incluidos, con la expresa satisfacción del Gobierno.

De paso, servirá para que en el resto del país se constate la preocupación del Ejecutivo por la cohesión entre pueblos y territorios. Será una prueba, aseguran en Moncloa, de que el Gobierno, que es quien avala los actos del Rey, considera prioritario el trato equitativo a todas las comunidades y que su política de reformas estatutarias no esconde privilegios.

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