Los molestos 'superchirimbolos', de Carlos Medrano en El Mundo de Madrid
Las nuevas pantallas de publicidad no terminan de encajar en la ciudad. El mayor de los problemas, su tamaño, dos metros de ancho por tres de alto en el caso de las más populares, que tapan las vistas desde sus casas a algunos vecinos y se convierten en un obstáculo, casi insalvable, para los transeúntes
Como todos los días, María Jesús levantó las persianas de su casa para que la luz de la mañana iluminara su salón, pero algo había cambiado. Donde se suponía que debía haber un espacio vacío, la mujer se encontró con un soporte publicitario de tres metros de alto por dos de ancho que bloqueaba el paso de los primeros rayos de sol. Se trataba de una de las 900 pantallas para publicidad, conocidas coloquialmente como superchirimbolos, que el Ayuntamiento de Madrid está instalando por todo Madrid. «Es un trasto horrible, nadie me ha consultado y ahora me han dejado sin vistas de la calle», se queja la residente.
El resto de los inquilinos de este edificio, situado en la calle de Embajadores, también han lamentado la iniciativa. El vicepresidente de la comunidad de vecinos pretende enviar una queja al Consistorio. «Un día aparecieron los obreros y pusieron ese chisme a apenas dos metros de la fachada del edificio. Ni siquiera sabíamos que era para publicidad, nos enteramos después. Es un atropello y no pensamos quedarnos sentados», declaró el representante de los habitantes perjudicados. Algunos de los afectados se mostraron más tajantes: «Cualquier día aparecerá el trasto ese tirado en el suelo, todo es cuestión de serrar los postes», señalaron con cierta ironía.
Los residentes de este inmueble no son los únicos que tienen una opinión desfavorable sobre el nuevo mobiliario urbano. En el Centro Cultural Galileo, más de un usuario se ha quedado estupefacto al comprobar cómo la fachada de ladrillo, de 102 años de antigüedad, quedaba eclipsada por una de estas estructuras de acero pulido y cristal. «Me parece surrealista, justo cuando acababan de restaurar el edificio, se les ocurre plantar esto. No tiene nada que ver con la estética del lugar», comentó un funcionario que trabaja en el centro.
Los vecinos de la zona entienden que se quiera poner publicidad en la calle pero se mostraron disconformes con que se instale en vías y esquinas estrechas. «Lo lógico es que si los tienen que poner, aprovechen los espacios abiertos para su instalación», declaró un paseante. Ahora, se pueden encontrar superchirimbolos en la mayor parte de las grandes avenidas y plazas de la ciudad: el paseo de la Castellana, la calle de Velázquez, Princesa y Juan Bravo cuentan con una estructura publicitaria en casi cada cruce importante.
La vieja estatua de Argüelles, que hace año y medio sucumbió destrozada por un turismo que colisionó contra ella, se ha visto sustituida por un nuevo y flamante superchirimbolo. «Supongo que es un síntoma de los nuevos tiempos, antes se recordaba a los hombres importantes y ahora lo que interesa es la publicidad», destacó el propietario de un comercio cercano.
Existen tres tipos de pantallas publicitarias. En los próximos cuatro años se colocarán 500 unidades de tres metros de alto por dos de ancho, 250 de cuatro metros de ancho por uno con cinco de alto y las mayores, de ocho metros de alto por tres de ancho. «Es desmesurado», denunciaban algunos viandantes que paseaban al pie de una de estas estructuras, conformadas por dos tubos en forma de uve que sostienen una pantalla dotada con iluminación y un motor que gira los anuncios.
En general, la mayor parte de la gente a la que se le pregunta por la causa de la proliferación de superchirimbolos lo tiene claro: «Sólo los han puesto para sacar pasta, hay que pagar la deuda de las obras de la M-30 y ésta ha sido la última idea del alcalde», aseguraba un ciudadano descontento. El Consistorio percibirá una cantidad de 160 millones de euros durante los próximos diez años por la concesión de la instalación y explotación de los nuevos soportes. La entidad elegida para sacar adelante el proyecto es la Unión Temporal de Empresas que está formada por Corporación Europea de Mobiliario Urbano y Clear Channel.
El principal reproche que han cosechado las pantallas es su gran tamaño que, al instalarse en las proximidades de los edificios, obstruyen la vista. Algo que es una molestia para los inquilinos afectados y que puede suponer un perjuicio económico para aquellos comercios que dependan de un escaparate bien visible para atraer a sus clientes. Este es el caso de una tienda de antigüedades situada en la calle de Juan Bravo con Velázquez que ha visto como, de la noche a la mañana, una cuarta parte de sus objetos quedaban parcialmente tapados.
Otro de los puntos polémicos de la medida es que suponen otro obstáculo más para el peatón. Un detalle especialmente delicado para aquellos que sufren alguna discapacidad visual o que tienen la movilidad reducida. «En mi opinión, estos trastos sólo van a servir para que los moteros puedan engancharlos a sus vehículos con la pitón», explicó un transeúnte.
Las voces más críticas no sólo han cuestionado el valor estético de los nuevos soportes publicitarios, sino que también han alertado sobre su peligrosidad de cara a la circulación. A la salida del túnel de Sinesio Delgado, donde conecta con la avenida Miraflores, acaban de instalar una de estas estructuras en medio de una isleta que sufre periódicamente la invasión de los coches que bajan la calle con exceso de velocidad. El vigilante de una urbanización de la zona explica que «la gente viene muy rápido del túnel, se creen que es como la M-30 y, justo en la zona del superchirimbolo, hay un semáforo en curva. Antes los coches se subían a la raqueta. Ahora, además, se van a tragar los postes de sujeción», advirtió.
Por el momento, los operarios de la empresa que están instalando los motores que permitirán que roten los tres anuncios publicitarios del soporte informaron de que ya han puesto a punto unas 200 unidades y que el proceso continúa a buen ritmo. «Está previsto que comiencen a funcionar en un plazo relativamente corto», adelantó uno de los técnicos de la empresa responsable.
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