LA SENTENCIA
El análisis
Los medios informativos mantienen sus posiciones tras la sentencia de Madrid: para unos, la teoría conspirativa ha muerto (por enésima vez), pero otros seguirán insatisfechos.
¿A quién se ha juzgado en Madrid? A la vista de que la sentencia no ha encontrado mayor responsable que un minero trastornado (La Razón titulaba, con cierta sorna, Emilio Suárez Trashorras se convirtió ayer en el mayor asesino de la historia), quizá la clave la tenga Pablo Ordaz en El País: La mentira, condenada. El tribunal culpa del 11-M a una célula islamista y deshace la teoría conspirativa. Y lo reitera su editorial: El fin de la infamia. En el texto, proclama: «Cada uno queda en su sitio: en primer lugar, aquellos medios de comunicación que han intentado hacer una instrucción paralela en un uso espurio del derecho a la información, para intoxicar el debate político». (Uno recuerda, en efecto, que El País fue identificando uno tras otro a siete autores intelectuales de los atentados, ninguno condenado por ello).
Es decir: que, para la prensa progubernamental lo más importante de todo este ejercicio judicial era enterrar toda duda sobre la verdad oficial, y no hallar a los cerebros de la trama.
En ABC, como no podía ser menos, no quedan dudas. Ignacio Camacho advierte al PP contra la tentación -ya manifestada por Mariano Rajoy- de seguir indagando: «El resto es ruido y furia, alharaca y aspaviento, conjetura y presagio». Y su editorial resalta la «sorpresa» que supone «la contundencia con la que los tres magistrados han respaldado todas y cada una de las principales pruebas de cargo».
La Razón, que se ha mantenido muy distante de todo el juicio y mantiene siempre una acérrima defensa de las fuerzas de seguridad, ve «sorprendente» otra cosa, «que, frente a la algarabía con la que han recibido la caída en desgracia de la llamada teoría de la conspiración, los socialistas pretendan que la opinión pública pase por alto el hecho de que el juez ha eludido también la otra gran teoría, la de que los atentados se produjeron en venganza por la presencia española en la guerra de Irak».
Decepcionado, Ignacio Escolar, director de Público, constataba desde el miércoles por la tarde en su blog (este periodista poliédrico tiene tiempo para todo): EL MUNDO no se baja de la conspiranoia. Claro que el pluralismo de este periódico quedaba de nuevo de manifiesto en otro blog, en elmundo.es, en el que Javier Pérez de Albéniz celebraba «una sentencia que pone las cosas en su sitio, (...) que podría dejar algunos cadáveres más, tanto políticos como periodísticos», y recomendaba el libro Los tres pies del gato de Ordaz, el cronista del juicio en El País.
El editorial de EL MUNDO confirmaba, en efecto, los peores temores de Escolar: El final del principio en la investigación del 11-M, se titulaba. Esa investigación «queda más abierta que nunca tras esta resolución». Y apuntaba el camino: «En medios progubernamentales se argumentaba ayer que, cuando se condena a un miembro de ETA por un asesinato, nadie se pregunta quién ha sido el autor intelectual del crimen. Así es. Pero ello se debe a que ETA es una organización jerarquizada. (...) Nadie sabe, en cambio, quién movió los hilos del comando de Leganés».
Otro que tampoco va a cejar en su empeño es, a todas luces, Federico Jiménez Losantos, quien ayer desmenuzaba en la COPE los agujeros de la sentencia y clamaba que «lo de ayer se pareció peligrosamente a la condonación de un Estado policial», por la aceptación de todas las pruebas, y denunció «el tono de amedrentamiento» de Gómez Bermúdez al leer el fallo.
© Mundinteractivos, S.A.

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