Adivinen quiénes son los únicos beneficiarios del fiasco de Fomento en cercanías. Por evidente que sea, nadie cae en la cuenta hasta que le soplan la respuesta: los araneses. En efecto, los catorce metros del nuevo túnel de Vielha, por fin a punto de concluir, han vuelto a los tres carriles iniciales después de que Fomento rectificara su decisión de reducirlo a dos. ¡Sorpresa! Al fin una buena noticia. Tengan por seguro que si no les cayera la que se han buscado, seguiríamos con dos carriles, claro que por razones técnicas de seguridad, no por fastidiar, que eso ni se les ocurre. Unas razones técnicas a las que se ha dado la vuelta como un calcetín. Allí donde era imprescindible la reducción ahora resulta que ya no lo es.

En otras palabras, que las razones técnicas según las cuales el túnel no podía ser seguro con los tres carriles para los que fue diseñado por Fomento, aseguran ahora que el túnel, el mismo túnel, sin sufrir la menor variación en anchura y altura, es seguro con tres. Es lo más revelador que ha salido sobre la incompetencia o la desidia de los técnicos ministeriales. El resto puede comprenderse, aunque no varíe el juicio negativo. Los técnicos y cargos intermedios, los que forman el auténtico y granítico entramado del ministerio, podrían escudarse en las prisas y los cambios políticos para justificarse en el desastre de cercanías. Algo habrá, si bien tendrían que decir dónde ha fallado su información para tomar decisiones, o a qué alertas de sus informes no han hecho caso los altos cargos y la ministra. Sin embargo, en el caso de Vielha les ha caído la máscara: se toman las infraestructuras de Catalunya más a la ligera que los ingenieros británicos la construcción de los trenes en la India colonial.

En consecuencia y consonancia con casi todo lo ocurrido de malo en los últimos tiempos, bien puede asegurarse que el primer problema de la Catalunya autonómica es el Ministerio de Fomento. No el ministro de turno, sino el inamovible e inconmovible ministerio. No sólo en cuanto a la cicatería y abandono, rayanos en lo que podríamos tomar por ojeriza, sino también en la dimensión política, pues en su afán de no soltar prenda y evitar en lo posible que Catalunya sea competitiva, hasta se cargaron el consenso estatutario cuando estaba a punto de conseguirse. La Cambra de Barcelona y otras instituciones se han hartado de denunciar al ministerio. Sin resultado. Las balanzas fiscales no se publican porque dejarían a Fomento con el culo al aire. A la estructura organizativa y humana del ministerio le importa tanto como si a un búnker le dijeran que el sargento está en peligro. Cuando no hay otro remedio, salta o cambia el ministro. Pero en general no sucede así, pues los efectos de la desidia, la desinversión, los incumplimientos, casi siempre salen a la luz cuando el ministro inquilino que los ha animado o tolerado - el resultado es el mismo- ya están fuera del ministerio o incluso lejos de la política.

Se equivocan pues quienes piden la dimisión de la ministra. Lo que sería imprescindible es una reforma del ministerio. Con Zapatero siguen vigentes, y desplegándose viento en popa, los denostados planes de la España radial, con todos los centros en el centro, presentados por Álvarez-Cascos y Aznar como el mejor seguro de capitalidad efectiva de Madrid en cualquier de los futuros de España y la Península. Nunca nadie ha denunciado desde Madrid el bloqueo del corredor del Duero, desde el Atlántico portugués hasta las puertas del Pirineo occidental y Francia. Pero tampoco desde Catalunya se ha hecho hincapié en la parálisis del corredor mediterráneo, corrigiendo un error del tardofranquismo. PP y PSOE nunca se han discutido por esos temas. Ni lo van a hacer, por la sencilla razón de que en eso, que es fundamental, piensan y sienten lo mismo. La sustitución de Maragall, el iluminado de la España en red, por Montilla, el de los hechos que no cesan de perjudicar a la ciudadanía, constituye la mejor prueba de la sumisión catalana ante Fomento.

Esperanzas de cambio, muy pocas. Ya sería mucho si los medios de comunicación catalanes se aventuraran a poner el ministerio en evidencia desentrañando la madeja interna, radiografiando la trayectoria de sus secretarías, direcciones y organismos dependientes. Hay tela que cortar, y mucha. Lo que de veras podría suponer un cambio sería la entrada de un catalanista como ministro en un hipotético gobierno de coalición. El candidato de CiU habló ante todos los españoles de la severa discriminación que sufre Catalunya en inversión e infraestructuras. Seguro que, en el caso de que se llegaran a entablar negociaciones tras las próximas elecciones generales, le ofrecerían cualquier otra cosa - Exteriores, Educación, Industria, tal vez hasta Hacienda- antes que Fomento. Fomento es sagrado, más que una vaca india, porque sólo pueden ordeñarlo las manos que saben repartir la leche de la mejor manera para los intereses de sus principales beneficiarios del reparto. ¿Cómo irían a dejarlo en manos de los intocables, que son los principales perjudicados?