El anuncio de que los reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, visitarán la próxima semana las ciudades de Ceuta y Melilla por primera vez en sus 32 años al frente de la jefatura del Estado es, sin duda, una noticia de máximo relieve. Sólo una semana plagada de grandes acontecimientos informativos como ésta puede explicar el tratamiento que ha tenido este anuncio. La visita de los Reyes, ansiada desde hace tiempo, había chocado hasta la fecha con una gran oposición del rey alauí, primero Hasan II y más tarde el actual monarca, Mohamed VI, dada la peculiar situación de las dos ciudades españolas que Marruecos reclama como propias. Es evidente que, como muy bien explicamos hoy en la sección de Política, las necesidades de nuestro vecino, el cambio de clima entre los dos gobiernos y la ayuda que le presta España tanto en los temas comunitarios como en el asunto del Sahara pueden haber contribuido a aplacar la ira de los actuales gobernantes marroquíes y de la misma familia real. Pero la muchas veces torpe y deshilachada política de la diplomacia española en esta legislatura merece en esta ocasión un reconocimiento, ya que después de tantos años sin presencia del máximo nivel en Ceuta y Melilla, en el 2007 habrán viajado el presidente del Gobierno - el último fue Adolfo Suárez- en enero, y a principios de semana don Juan Carlos. El hecho de que la visita sea considerada "institucional de política interna" por parte del Gobierno español sirve al Ejecutivo para reivindicar el carácter específico de las dos ciudades, algo a lo que Marruecos ha replicado con una retórica formalmente dura, pero diplomáticamente contenida hasta el momento.
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