EL ANÁLISIS
Hizo bien el presidente del Gobierno, desde el punto de vista de sus intereses políticos, en hacer coincidir la fecha de su comparecencia parlamentaria sobre el caos ferroviario en Catalunya con el día que se hacía pública la sentencia sobre el 11-M. La intención, obvia, era tapar mediáticamente hablando la incómoda y forzada comparecencia con la bienvenida sentencia e hizo bien porque el debate sobre el caos ferroviario resultó para José Luis Rodríguez Zapatero la peor tarde parlamentaria de su vida. Tendrá escasa trascendencia, pero ayer por primera vez desde la guerra de Iraq, es decir, desde antes de las elecciones del 2004, el Congreso pasó del consabido "todos contra el PP" a un inédito "todos contra Zapatero". Ni un solo grupo parlamentario se puso de su parte, lo que como mínimo pone de manifiesto que nadie estaba dispuesto como en otras ocasiones a sacarle las castañas del fuego. Que eso tenga luego trascendencia electoral es otro cantar, pero ayer incluso los grupos parlamentarios que son amigos de Platón optaron por ser más amigos de la verdad. Si ayer hubiera habido votación de resoluciones, cualquier grupo parlamentario habría propiciado una severa derrota al Gobierno y seguramente la ministra de Fomento hoy sería ex.
De hecho, la intervención del presidente puso bastante en evidencia no sólo a Magdalena Álvarez, sin también al Govern de la Generalitat que puso la semana pasada todo su empeño en descargar todas las culpas en la empresa constructora. Zapatero no sólo se paseó el domingo acompañado del presidente de OHL, Juan Miguel Villar Mir, sino que ayer dijo textualmente: "Para el ciudadano no hay ni debe haber distinción entre el Gobierno y las empresas contratadas, porque la Administración realiza la obra y debe garantizar su fin".
Pero la cosa pinta tan mal y el presidente está tan escamado que no quiso arriesgarse a fijar fecha para terminar las obras del AVE ni para restablecer el servicio de cercanías. El riesgo de meter la pata parece excesivo.
Ahora bien, si a Zapatero el debate no le salió bien, otra cuestión es quién lo ganó. Mariano Rajoy estuvo implacable y puso en evidencia varias veces al presidente, pero en la réplica Zapatero tiró de hemeroteca para entonar el "y tú más" o "tú peor" que, al menos, sirvió para despertar a la circunspecta bancada socialista.
La agresividad de la política española se notó ayer con toda su crudeza. Se abordaba una problemática catalana que Zapatero y Rajoy utilizaron como un argumento más de su batalla particular. Los cuatro oradores catalanes tuvieron que esforzarse para que la catástrofe del Prestige o la guerra de Iraq no taparan el grave asunto que les había convocado. Josep Antoni Duran (CiU), Joan Tardà (ERC) y Joan Herrera (ICV) se arremangaron para trasladar con nitidez la voz de los perjudicados, desmarcándose simultáneamente del presidente y del líder de la oposición como queriendo parafrasear a Josep Pla para constatar que cuando hablan de Catalunya, lo más parecido al PP es el PSOE.

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