EL MIRÓN PERPLEJO

Mi capacidad de análisis hoy, ante una sentencia como la del 11-M, es escasa. Si aquella mañana inicié un estado de shock que duró días, ahora me pasa algo parecido. Qué fácil es asegurar que las penas son blandas, que la instrucción fue un desastre o que la fiscalía se pasó tres pueblos y qué complicado ha debido ser trabajar el juicio. Tengo la impresión de que hablamos con la misma profundidad cuando nos referimos al juicio del 11-M, que cuando analizamos el partido de fútbol del pasado domingo.

Toda sentencia provoca una sensación de justicia o injusticia por parte de cualquier espectador y más aún para los afectados, ya sean víctimas o verdugos. El problema radica en que simplificamos hasta el absurdo. Por lo general, la justicia nos parece justa si nos gusta la sentencia, y al contrario. No entramos ni en los artículos del Código Penal, ni en la frialdad del tribunal, ni en las pruebas. Como al salir del estadio.

Tiempo habrá para colocar todo en su sitio y para que reposemos lo que supone la sentencia. Pero hasta que hayamos hecho la digestión, que nadie se preocupe, porque la clase política se encargará de meter la pata. A los pocos minutos de conocerse la resolución del tribunal, el presidente del Gobierno y el líder de la oposición leyeron sendas declaraciones objetivamente intocables.

Algún colega me comentó entonces que habría que esperar a los segundos niveles y así fue. Al poco tiempo salió medio mundo a valorar con la profundidad de costumbre, perfectamente descriptible. Como al final de un partido.

Resulta evidente que el PP se desmarca de sus dos primeros años de oposición, como evidente debería resultar que el Gobierno no utiliza el derrumbe de la teoría de la conspiración para reabrir las heridas surgidas entre aquellos 11 y 14-M. Pero como somos genio y figura, seguiremos igual. Unos lamiéndose las heridas a modo de recurso del pataleo y otros pensando que alguien puede votar dentro de cuatro meses por lo mismo que votó hace cuatro años. Como cuando se pierde una Liga.

Cabe considerar también el punto de vista internacional sobre el juicio. Aquí sí que deberíamos sacar pecho, porque lecciones desde otros tribunales o sistemas judiciales, que nos den las justas. Que se sepa, este juicio ha sido el único hasta el momento contra terrorismo islamista a gran escala, con todas las garantías y en tiempo récord. Mientras que por ahí existen prisiones secretas y campos de concentración, aquí tres jueces juzgan. Gustará o no la resolución y la instrucción, pero nadie podrá poner en duda que el sistema funciona. No lo reconocerán porque cada país seguirá a lo suyo, pero seguro que nos tienen envidia. Como al que juega la Champions.

Y no obviemos a los tres jueces en general y al juez Bermúdez en particular, porque aunque vamos de listos, listísimos, ¿cuántos de los que opinamos habríamos soportado la tensión y el peso que estos hombres han sufrido sobre sus togas? Hablamos de fútbol sin haber jugado.

Sentencia histórica tras un juicio histórico. Al menos mientras dure la digestión del partido, recordemos a las víctimas.

Autocrítica en la judicatura

"Echamos la culpa al PP o al PSOE de la politización de la justicia y culpamos a los diferentes gobiernos por destrozar la separación de poderes. Pero ¿qué hemos hecho para impedirlo? ¿Por qué no nos hemos levantado, todos de la mano, desde asociaciones distintas, en los muchos momentos que nos han llevado a esta situación? No echemos la culpa a otro exclusivamente y fijémonos en nosotros mismos". El entrecomillado corresponde a un alto magistrado español muy en boga.

Futuro en el TSJPV

El Gobierno considera que el caso de Ibarretxe y Patxi López planteado en el TSJPV por sus reuniones con Otegi y sus amigos "no tiene mayor recorrido". Pero los técnicos del Ejecutivo consideran que hay que pasar el trago para que se demuestre que no hay causa penal. Por su parte, los estrategas del PSOE creen que se está haciendo gratis la campaña al PNV.

Oposiciones a juez

Tras el debate abierto por el ministro Fernández Bermejo sobre el acceso a la judicatura, ciertas reacciones merecen atención. En concreto, algunas planteadas por opositores, en función de su facultad: ¿Vale lo mismo una matrícula de honor en la Complutense de Madrid o en la Autònoma de Barcelona que en otras universidades? ¿No parten con ventaja los alumnos que exclusivamente pueden dedicarse a estudiar?