La financiación del nuevo HUCA y la reconversión sanitaria que se avecina
Noviembre 1, 2007 – 2:44 pm
Es muy difícil saber a estas alturas qué es lo que se ventilaba realmente en el tremendo debate que se produjo entre los gobiernos de Madrid y Oviedo, el PP reinante, con Francisco Álvarez-Cascos metiendo baza directamente con la configuración del modelo sanitario asturiano. Pero algo podemos intuir, más allá de las luchas políticas de unos y de otros, por colocar las grandes obras públicas a sus contratas favoritas.
Se dijo entonces que el PP había ofrecido la financiación íntegra desde Madrid, de la remodelación del conglomerado formado por la Residencia Sanitaria, el antiguo Hospital General, Silicosis y el Materno-Infantil, que contaban con la ventaja adicional de las instalaciones de la facultad de Medicina, fisioterapia y Nuevo HUCAenfermería, en eso que ahora se denomina enseñanzas biosanitarias, en el entorno de lo que todavía hoy se denomina Hospital ‘Universitario’ Central de Asturias. El Principado rechazó esa fórmula y optó por financiar en solitario y a la brava la construcción de un edificio nuevo. Hay no cabe alegar nada. Asturias renunció a un montón de dinero, porque para decir que era un farol -como dicen algunos-, habría que haber jugado la partida.
Un grupo de médicos ‘progresistas’, encabezados por Carlos Ponte y otros personajes menos idealistas que él, formaron una plataforma para impulsar la construcción del proyecto que Vicente Álvarez Areces había heredado de Juan Luis Rodríguez-Vigil, para edificar ese nuevo complejo en La Cadellada -’Plataforma por un Hospital Necesario’ se llamó-, cuyo necesidad, según sus promotores, venía dada por dos grupos de razones: unas de índole interna aducían que el complejo del Cristo no era reformable, y otras ajenas al problema estructural, ponían sobre la mesa la cuestión de los accesos y la intensa explotación urbanística del barrio donde todavía se enclava el viejo HUCA, que es lo que tenemos a día de hoy.
Las razones internas nunca me las creí, y desde luego es difícil sostener que los evidentes problemas que gravitan sobre la gestión hospitalaria del HUCA sean realmente achacables a las indiscutibles limitaciones de unos edificios laberínticos, y no a la abortada ‘fusión hospitalaria’ de los equipos procedentes del Ministerio de Sanidad, con el personal de la antigua Diputación trasferido a la comunidad autónoma a través del Hospital General. La evidencia de que esto es así, está en el ejemplo de otros hospitales españoles que se reformaron, y es que al final hay que insistir en que el propio edificio del antiguo Hospital General hubo que Nuevo HUCAreformarlo igual, para que aguantase sin derrumbarse. El caos que allí reina, nada o poco tiene que ver con unos edificios destinados al derribo, y mucho con la ambición desatada entre el personal sanitario antes las expectativas del traslado, las luchas de poder que se presentan en la configuración de los equipos sanitarios para la nueva sede y el oscuro y aún poco tratado asunto de la compra de los nuevos y costosísimos medios, que por cierto, no parecen estar presupuestados todavía, lo que tiene muchos perendengues a la hora de hablar de las cuentas sanitarias, conversación que se acerca impepinable.
Pero lo de las razones externas es mucho más grave todavía, porque hoy ya es posible darse una vuelta por los alrededores del monstruo que ha surgido en La Cadellada y contemplar el tremebundo acoso urbanístico que aflora alrededor del nuevo edificio, y no sólo en el viejo barrio de Teatinos, al calor y bajo el impulso del Centro Comercial Los Prados, una zona que se ha desarrollado hasta en los arcenes de la autopista “Y”, y para la que se prepara un nuevo salto en la Fábrica de Armas de La Vega -en negociaciones sobre su cierre-, por encima de la discutida Losa de Santullano, sino fundamentalmente en la brutal operación de Sogepsa en Prado de La Vega, en la que se prevé la instalación de 40.000 nuevos vecinos que vendrán a sumarse a los cerca de 20.000 que ya han engordado el barrio de La Corredoria, que convertirán el entorno del nuevo HUCA de la Cadellada, en un auténtico infierno urbanístico que dejará el Cristo como una ciudad-jardín, comparada con la barriada que se prepara en la ubicación del complejo sanitario asturiano. Llegados a este punto y cuando se produce un estallido Prado de La Vegade sobrecostes inauditos en todas las obras públicas importantes que se ejecutan en Asturias, lo que ha provocado ya algunas preguntas parlamentarias cuyas respuestas esperamos ansiosos, Areces mueve ficha, y tras lanzar Fernando Palao el escandaloso sobrecoste de El Musel, acaba de colocar sobre la mesa de la patronal y los sindicatos todo un tocho de literatura barata que aflora en La Nueva España, en el que se habla ya abiertamente de una crisis financiera en la sanidad asturiana, en términos verdaderamente catastrofistas. La noticia, discretamente colocada en la sección de Economía de este domingo, habla de “la urgencia de afrontar una reforma profunda -del sistema sanitario-, incluso con medidas que pudieran resultar impopulares, porque, de no adoptarlas, el resultado, advierte, podría ser catastrófico para la sostenibilidad del modelo público del que hoy disfrutamos“.
Que la licitación de La Cadellada se hizo consciente y deliberadamente a la baja, lo saben hasta los pájaros de colores. Esta licitación condujo a una adjudicación que espantó a los arquitectos redactores del proyecto, Juan Navarro Baldeweg y Ángel Fernández Alba, que salieron corriendo para dejar las certificaciones de obra en manos del arquitecto asturiano Alfonso Iglesias, con cargo a una sociedad anónima, Gispasa, creada como pantalla para gestionar la financiación de las obras hospitalarias en Asturias. Y como decíamos anteriormente, nada se sabe del pendiente y costosísimo capítulo de su equipamiento, y por supuesto de Campus de Ciencias de la Salud nada de nada, pues todavía recientemente se concluyeron las obras de reforma de la Facultad de Medicina.
Así pues, con el nuevo Hospital de Mieres recién adjudicado a Acciona y Ceyd, Nuevo HUCAcon el Huca en manos de Sacyr, San José y Sánchez y Lago, con Arriondas movilizado para su integración en el Sespa, y con Cangas del Narcea, Jarrio, Riaño, San Agustín, Jove, Cabueñes y el Monte Naranco pendientes de una reordenación integral, sin cambios apreciables en la atención primaria asturiana, que en ningún momento ha ido recibiendo a los enfermos acostumbrados a hospitalizarse por un catarro, con la población envejeciendo, y con la reducción del número de camas que supone el nuevo hospital, Asturias, el Principado, está a las puertas de una catarsis sanitaria que coge al gobierno de Asturias en uno de los momentos más débiles de su historia.
¿Por qué lanza entonces Areces este debate ahora, cuando estamos estremecidos por las cifras de El Musel, las cosas están muy difíciles para un acuerdo presupuestario y empresarios y sindicatos, pendientes de ‘lo suyo’, son el único apoyo con el que parece contar el gobierno, aparte de la triste maniobra con el patético alcalde de Grado del PP? Muy sencillo, porque no tiene más remedio, porque la porquería acumulada bajo la alfombra forma ya una montaña a punto de estallar y el trabajo se amontona.

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