Italia enfrenta a la antipolítica, de Gianfranco Pasquino en Clarín
El mensaje que se desprende de la conformación de una nueva gran fuerza de centroizquierda italiana -el Partido Demócrata- es que es posible renovar la actividad política si ésta se abre a las nuevas energías y demandas sociales.
Un nuevo partido para reducir el número de partidos, simplificar el espectro político y dar mayor estabilidad al gobierno de centroizquierda? Tal es el objetivo del Partido Demócrata de Italia, al que dieron vida, fundiéndose, los demócratas de izquierda y la Margherita, y que fue aprobado y lanzado por alrededor de tres millones de ciudadanos italianos que votaron por el secretario general y los secretarios regionales.
Es una operación sin precedentes, nunca llevada a cabo en las democracias europeas (entre otras cosas porque sus partidos han sido en general más fuertes y más estables que los italianos) que promete, o al menos intenta reestructurar, el interior del sistema interno de partidos italiano.
La existencia de un gran Partido Demócrata debería obligar a la izquierda a federarse y a la vez impulsar al centroderecha en dirección a un gran partido moderado-conservador. Naturalmente, mucho dependerá también de la capacidad de reformar la ley electoral de tal manera que premie a los grandes partidos.
Por el momento, cabe señalar que la política italiana parece atravesada por dos corrientes muy fuertes. Por un lado, los políticos y la política; sus elevadísimos costos son sobre todo criticados y atacados por una gran ola de antipolítica que desearía además prescindir de los partidos, destruyéndolos prácticamente, para reemplazarlos por listas y asociaciones de la denominada sociedad civil.
La antipolítica es un fenómeno antiguo en la historia italiana que, algunas veces, obtuvo éxitos electorales, pero también contribuyó al ascenso del fascismo. En estos últimos tiempos, con la antipolítica "viajaron" exitosamente también Berlusconi y Bossi. Además, es innegable que la política italiana merece ser criticada y que la partidocracia ha sido un modo pésimo de hacer funcionar la democracia italiana. No obstante, democristianos y comunistas habían creado dos partidos capaces de representar de una forma en resumidas cuentas adecuada los intereses, las ideas, las preferencias de más de la mitad de los italianos, y lo habían hecho gracias a políticos de profesión.
Por otro lado, existe una fuerte participación política que se ha manifestado en apoyo del nuevo Partido Demócrata. Este partido no es sólo el producto de la fusión de las dos nomenclaturas post-democristiana y post-comunista. Es verdad que los dirigentes de los partidos estarán todos, pero se ha hecho un esfuerzo para tener en el nuevo partido al menos el 50% de mujeres y muchos jóvenes. Walter Veltroni, actualmente intendente de Roma, fue electo secretario del PD con el 75% de los votos.
El mensaje global que se desprende de esta nueva experiencia italiana (que si fracasa arrastraría al centroizquierda a una derrota tremenda) es que sigue siendo posible renovar la política y que los partidos, si están organizados con inteligencia y abiertos a nuevas energías, todavía están en condiciones de hacer un aporte determinante al buen gobierno de una democracia europea.
En otras partes de Europa los partidos son las estructuras más importantes y más capaces de representar y gobernar. Y es en las democracias con partidos fuertes y estructurados donde los gobiernos producen elecciones importantes y facilitan la transformación y la productividad de la economía.
No será fácil para Walter Veltroni obtener resultados positivos en plazos breves. Probablemente, se correrá también el riesgo de una crisis de gobierno. No obstante, aquí está el Partido Demócrata para demostrar que es posible movilizar a millones de ciudadanos en una operación de renovación, que es posible vencer a la antipolítica y que es posible desafiar al populismo, incluido el mediático, a través de la construcción de una organización partidista que se abre a los ciudadanos. Al menos, en esta primera fase es justo otorgar una apertura de crédito político a los Demócratas.
Gianfranco Pasquino. PROFESOR DE CIENCIA POLITICA (UNIVERSIDAD DE BOLONIA-BUENOS AIRES)
Copyright Clarín y Gianfranco Pasquino, 2007. Traducción: Cristina Sardoy.
http://www.clarin.com/diario/2007/11/01/opinion/o-03101.htm
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