Sexo en Madrid

Desde pequeña había sido así. Mientras que su hermana se escondía detrás de la puerta y saludaba a las visitas balbuceando un «buenas tardes» después de un coscorrón de su madre, María aprovechaba para ponerse el traje de faralaes que le había regalado su abuela y cantar, bailar, contar historias y lo que hiciera falta, hasta el punto de que a veces su madre, consciente de que dos horas y media de show podían ser quizá excesivas para unos amigos que habían ido a pasar la tarde, la mandaba a su habitación, a «jugar con los niños», una frase que a María le sacaba de quicio. Tiempo después, a los 22 años, su extroversión seguía intacta, ni siquiera la adolescencia había podido con ella. Le encantaba relacionarse con los demás, salir todas las noche, conocer gente nueva... y aunque era considerablemente feliz echaba de menos algo que, en su opinión, era raro que no tuviera: un novio. Desde luego no era porque no lo intentara y relaciones esporádicas no le faltaban, pero ella quería una relación estable y eso no llegaba, los chicos no le duraban ni una semana. Por más vueltas que le daba no lo entendía y ponía todo su empeño en conseguirlo. Si estaba en una discoteca y le gustaba un chico, no esperaba como sus amigas a ver si le daba por acercarse. Ella daba el primer paso, sin dudarlo. María decía que la sinceridad era esencial en la vida, así que si alguien le gustaba se lo decía y listo.

Así había hecho toda la vida y así hizo con Paul, el estudiante de Erasmus que había conocido en su Sevilla natal. El había montado un grupo de teatro que iba por las discotecas haciendo representaciones de The Rocky Horror Picture Show. Aquel trabajo parecía diseñado para ella. Le encantaba vestirse con corpiños, medias de rejilla, tacones enormes y ligueros y hacer las coreografías, charlar con la gente... Paul, como todos, se acostó con ella la primera noche. Se travistió, usaron el vibrador anal como él le sugirió y María lo pasó estupendamente, tanto que a la mañana siguiente le llamó, pero él le dijo que no podían seguir con eso, que tenía una novia... cuando María, furiosa, le preguntó si su novia sabía lo de su afición por el travestismo y lo demás, él le respondió horrorizado que no y la amenazó con echarla del grupo si decía algo. María poco después se fue a Madrid, donde se unió a otro grupo que hacía fiestas temáticas de la película de culto. Pero pensó que sería divertido disfrazarse de Susan Sarandon al principio del filme. Es decir, de chica mojigata, con falda de tablas y rebeca. Ella, que era muy buena actriz, adoptaba en las fiestas que hacían en el Club Transmission del Y'asta (calle de Valverde, 10) la misma actitud tímida. Uno de los clientes habituales empezó a hablar con ella y María siguió con su papel, siendo ella misma, pero haciéndose la «estrecha», siguiendo los consejos de su abuela. Ayer, en la gran fiesta del Capitol, fue el día D, en el que María accedió a los requerimientos sexuales, después de hacerle esperar meses y meses. María ya tiene novio, pero está pensando en dejarlo, ponerse el corsé y las plumas. Hacerse la decente era muy aburrido.

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