Amenaza turca en el norte iraquí, de Núria Tomàs en La Vanguardia
El Gobierno turco ha recibido autorización del Parlamento para llevar a cabo una operación militar a gran escala contra el grupo armado de oposición kurdo PKK en el norte iraquí. Los motivos de la decisión cabe buscarlos en la situación interna turca, pero las consecuencias llevan mucho más allá.
La región autónoma del Kurdistán, territorio iraquí donde ha sido autorizado el ataque, se enfrenta en estos momentos a múltiples dificultades: por una parte, intentar contener la expansión de la violencia a la que se ve sometido el resto de Iraq; por otra, abordar numerosos aspectos de tensión con el poder central que amenazan su estabilidad. Un ataque armado dentro de sus fronteras dificulta enormemente la gestión de estos problemas, por lo que el Gobierno del Kurdistán se ha apresurado a pedir una solución política al problema kurdo. El resto de los actores también han movido ficha: mientras el Gobierno de Bagdad ha pedido contención, Siria ha apoyado una posible intervención. La decisión turca obligará a los actores a posicionarse de un lado u otro, generando una peligrosa polarización e inestabilidad. De momento, EE. UU. la OTAN y la UE han rechazado la ofensiva.
Hacer sonar los tambores de guerra no es sólo una estrategia de Turquía para presionar a los países aliados y vecinos a tomar más determinación en la lucha contra el PKK. Es también un aviso al Gobierno del Kurdistán iraquí ante cualquier estrategia secesionista que pudiera servir de ejemplo a los movimientos kurdos de la zona. Sin embargo, la fuerte retórica nacionalista en Turquía silencia el hecho que el PKK hace tiempo que renunció a la independencia. También impide que las demandas del grupo kurdo, que se refieren a la obtención de mayores derechos y libertades, puedan ser atendidas. La alternativa ha sido un enfoque exclusivamente militarista que no sólo no ha dado resultados sino que ha creado un conflicto de larga duración y con niveles de violencia creciente. En este contexto, el alto el fuego unilateral declarado hace un año por el PKK no tuvo ninguna respuesta.
El recurso a la fuerza militar es siempre una mala noticia para los que creemos que la paz requiere negociaciones y diálogo profundo. Pero cuando además se refiere a Oriente Medio, zona compleja y castigada, detenerla es urgente para evitar víctimas, sufrimiento y otro conflicto armado en una región que ya sufre demasiada violencia.
N. TOMÀS, investigadora. Escola Cultura Pau (UAB).
