LA GRADA DE LOS LEONES

Ayer, horas después de la lectura de la sentencia, el Congreso de los Diputados puso en escena lo que Mariano Rajoy llamó el calvario del AVE en una intervención demoledora, que acabó con un ataque de hackers, según confirmó el presidente del Congreso, Manuel Marín. La invasión se inició en el momento en el que Mariano Rajoy estaba diciendo que pretender que la ministra de Fomento resuelva el caos del AVE era como nombrar ministro de Sanidad al virus de la gripe. Entonces, los virus informáticos se apoderaron del hemiciclo e interrumpieron la navegación del debate. Había alarma dos, pero no atacaron los terroristas, sino los «grey hat», los corsarios de ordenata. Los mismos bandidos electrónicos que se cuelan en el Pentágono atacaron ayer la web de San Jerónimo y dejaron a Rajoy con la palabra en la boca.

Los que edificaron la Torre de Babel usaron betún en lugar de argamasa. Con la argamasa se construían las empalizadas y las murallas. Ahora, los políticos han aprendido a construir empalizadas ideológicas con el betún y hasta con la sangre. Como la sentencia del 11-M consideró que Mohamed el Egipcio no era el príncipe de las tinieblas, los partidos se apresuraron a construir la muralla propagandística con la que se defenderán en los cuatro meses que faltan para las elecciones. Zapatero, en una de sus más elegantes y mesuradas intervenciones, dijo que se ha fijado la verdad. Mariano Rajoy comentó que apoyará investigaciones para esclarecer la verdad. El PSOE atacará, y el PP contraatacará, si leo bien las reacciones en los pasillos. Fernando Moraleda me dijo, minutos antes de la intervención del presidente. «La sentencia ha sido como la intervención de un cirujano. Claro que ahora van a utilizar los adversarios una nueva figura jurídica denominada autor intelectual». Efectivamente, minutos después un diputado del PP me comentó: «Mariano Rajoy está muy feliz, porque le han dejado una salida. Hay salida para todos los partidos, pero será el PSOE el que la utilice con más ferocidad. La sentencia deja claro que no han sido unos buhoneros de puticlub los que han tejido esa tremenda conspiración política».

El presidente estuvo muy humilde. Dijo que la técnica del sellado fue un error imprevisible. Pidió excusas a los ciudadanos. No dio fecha para la conclusión de las obras. Prometió que el tren no llegaría hasta que las vías no sean seguras. Ya no hizo augurios electorales; dijo que las promesas de fechas eran irrelevantes. A Mariano Rajoy los golpes de pecho a ZP le debieron de parecer masónicos y tardíos porque mirando a la mujer de rojo, que se sentaba en el banco azul, vino a decir lo del proverbio, cabeza cortada ya no se puede colocar y arrepentimiento tardío no sirve de nada. «Lo que la Cámara esperaba es un gesto concreto y se ha limitado a un gesto hueco». A continuación, empezó a desollar a 'Maleni'. «Encarna -dijo- la antítesis del servidor público, llegando al extremo de transferir gratuitamente la culpa a la empresa, lo que en castellano se llama calumnia».

La intervención de Mariano Rajoy tenía que durar 15 minutos, según lo había acordado la Junta de Portavoces; cuando hacía la analogía de los virus y la ministra, los corsarios desbarataron el sistema informático del Congreso; interrumpieron a Rajoy y aquello fue una Troya de gritos y pateos. Zaplana denunció que estaba ocurriendo algo insólito: la interrupción de un discurso del líder de la oposición.

Entonces fue cuando Manuel Marín informó de la invasión de los hackers.

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