EL MACROJUICIO POR EL ATENTADO
Un documental reconstruye la biografía de los terroristas tratando de investigar el porqué de la masacre
El hachís no sólo financió el 11-M. También empujó a Jamal Ahmidan, El Chino, por el camino sin salida que abril del 2004 con de siete terroristas en Leganés. El consumo y tráfico de droga y, sobre todo, el sentimiento de culpa asociado a ambos hechos es el factor que llevará al narco Ahmidan - en realidad, con un pobre sustrato ideológico- a convertirse en terrorista, tras más de una década sin lograr regularizar su situación en España.
Estos detalles son parte del documental sobre el 11-M The Madrid Connection que esta noche emiten TV3 (21.45 h) y Cuatro (23.50 h), realizado por Justin Webster Productions, en coproducción con la BBC británica (que lo emite el 13 de noviembre) y el Danish Film Institute.
La película trata de responder a la cuestión más inquietante que dejó la masacre: ¿por qué? ¿Qué lleva a dos vecinos de Madrid, con más de una década de residencia en España, a radicalizarse hasta el extremo de crear un comando de corte islamista? ¿Qué pensaban de los españoles? La pieza ofrece entrevistas en profundidad con personas del entorno de los terroristas e imágenes inéditas tanto del juicio - que hoy se cierra con la sentencia- como de los trabajos preparatorios de la fiscalía.
En su evolución criminal, según desvela la película, El Chino tejerá una simbiosis fatal con Sarhane Ben Abdelmajid, El Tunecino, un intelectual con residencia en Madrid desde 1994, estudiante de económicas, tímido, retraído con las mujeres, gran lector del Corán (que no de literatura occidental), admirador de los que han ido a luchar a Afganistán... Sarhane inyectará a Jamal la doctrina necesaria y le arrastrará, hasta en sus momentos de duda, a posiciones desde las que no hay marcha atrás.
El proceso de transformación, tanto de Jamal como de Sarhane, dura varios años. Nace mucho antes del 11-S en EE. UU., hoy convertidos, con su poderosa capacidad simbólica, en el ejemplo a seguir para los yihadistas de todo el mundo. El Chino llega a inicios de los noventa a Madrid, donde utilizará 14 identidades distintas, pero nunca la propia. En Marruecos deja a sus padres y una acusación pendiente por asesinato, tras una confusa reyerta callejera.
Algunos de sus hermanos ya han emigrado a Madrid. Sin papeles ni opciones de lograrlos, Ahmidan - un tipo de físico escaso pero extremadamente violento y con una valentía imprudente- se dedica pronto al hachís. En 1992 conoce a R., una consumidora de los bajos fondos de Madrid, con la que se casará y tendrá un hijo. Cuando llegue a la edad, irá un colegio católico; sólo cuando Ahmidan cae bajo el influjo del Tunecino, en el otoño del 2003, éste le incita a que lo lleve al colegio musulmán de la mezquita de la M-30 de Madrid. Eso nunca llegará a producirse.
Jamal comienza pronto a ampliar su negocio. Algunos de sus compinches de narcotráfico explican en The Madrid Connection cómo detectó un nuevo flanco de negocio en la cocaína y, algo más tarde, en los éxtasis. Los compraba en Amsterdam a 0,70 euros y los vendía a cinco veces ese precio. Las partidas que bajaba de Holanda eran de decenas de miles. La policía española conocía a Jamal, pero nunca lo relacionó con los ámbitos yihadistas. Esta es otra de las dramáticas puntas del documental.
El dinero de la droga financió el 11-M y llevó a Ahmidan a sentirse cada vez peor. Además de consumidor - un detalle inédito hasta ahora-, Ahmidan obligaba a sus camellos a ir a la mezquita porque luego les regalaba sus dosis. Hasta que, convencido de que podrá solucionar sus problemas con la justicia de su país, viaja a Marruecos: acaba en la cárcel de Tetuán, donde pasa tres años, rodeado de condenados y sospechosos de terrorismo.
Sarhane, por su lado, estudia económicas hasta 1998. Quiere exportar a Túnez sus conocimientos. Sus compañeros de estudios relatan en el documental que se preguntaba continuamente por qué los españoles son, o se creen, mejores que los musulmanes. Una amiga de la época narra cómo el Tunecino se callaba en su presencia. En su evolución ideológica tienen gran influencia el marroquí Amer Azizi y la geopolítica internacional. Ese hombre es de los pocos, si no el único, que viaja a Afganistán a entrenarse y regresa, con un halo heroico, a Madrid. Es el 2001 y acaba de cometerse el 11-S. Azizi y Sarhane estarán en contacto vía internet durante meses. El 11-M es el primer gran atentado preparado en buena parte por internet. Desde ese momento, en los círculos más fanáticos ya se habla de atentar en España. Esta intención gana cuerpo con la intervención de España en Iraq.
Es en ese momento cuando se cruzan las trayectorias vitales de Sarhane y Jamal; éste sale de la cárcel en el verano del 2003. Existe constancia de un encuentro entre ambos el 1 de octubre del 2003. Faltan cinco meses para el 11-M. Desde ese día, y hasta el 3 de abril, prácticamente no se separan.
Cisma en Madrid, cumbre en Estambul
El grupo del que se nutrió el comando procede de un cisma en la mezquita de Madrid, tal como desvelan en la película algunos miembros de la comunidad musulmana de Madrid.
El grupo liderado por Amer Azizi (combatiente en Afganistán, hoy huido de la justicia) y por el propio Sarhane ben Abdelmajid se desmarcaron en el 2001 de la doctrina general, considerándola "blanda". Decidieron dejar de acudir a los encuentros con el líder espiritual de la mezquita, el Sheik Munir.
Este grupo, inicialmente de unas 50 personas, solía reunirse en las inmediaciones del río Alberche, a unos cincuenta kilómetros de Madrid, para debatir sus ideas. Otra de las actividades del grupo era el fútbol. Sarhane era alto y grande: un buen defensa, cuentan amigos de la época.
Ese grupo fue depurándose poco a poco, bajo el liderazgo de Sarhane. Más adelante, comenzaron a reunirse en algunos pisos para ver vídeos sobre matanzas de musulmanes en Chechenia, Bosnia, Afganistán o Iraq. El comando acabó conformado por una docena de personas.
En el 2002, una cumbre en Estambul, tras la invasión americana de Afganistán, decide que no es necesario hacer la yihad donde hay invasión. Que la propia Europa es "tierra de guerra", un sitio perfecto para actuar.
En ese sentido, el grupo de Sarhane se inscribe en la doctrina Takfir Wal Hijra, una secta ultra radical que tolera "todo": beber alcohol, casarse con cristianas, vestir pantalón corto, afeitarse la barba... si eso sirve para hacer la yihad.
El propio Sarhane solía vestir bermudas.
I. OROVIO ,periodista de ´La Vanguardia´, es coautor, como asesor, de ´The Madrid Connection´

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