Era a principios de verano cuando la política local canguesa daba un vuelco radical e inesperado. Han pasado, pues, más de los cien días que se suelen dar de gracia a los cargos electos antes de empezar a despellejarlos. Después de todo lo que se habló y gritó, esperaba que tan famosa efemérides fuera señalada por el tronar de los voladores de celebración y los tumultos de las manifestaciones de protesta. Pero nada, no se levantó ni una voz, ni se tiró siquiera un petardo. No es de extrañar que se me haya pasado completamente la fecha y escriba esto con retraso.

Hasta el día de hoy, y a pesar de todas las predicciones catastrofistas, aún no ha descendido la cólera divina sobre los concejales del PP que han osado apoyar a los rojos ni se han abierto grietas en el suelo para tragarse a éstos por aceptar el apoyo. De momento, no parece que se vaya a acabar el mundo y la coalición blaugrana se mantiene incólume. Y, puesto que cielos y tierra callan, los simples mortales hemos de asumir la tarea de juzgar a nuestros ediles por la labor desempeñada.

De hecho, eso es lo que tenía pensado hacer yo: dedicar este artículo a opinar sobre las cosas que se han hecho en estos ciento y pico días y los proyectos que hay para los mil y pico restantes. Pero, después de rebuscar en mi memoria (no demasiado fiable) y en las hemerotecas (mucho más completas) no he encontrado ninguna actuación o propuesta que mereciera más de cinco líneas. Nadie parece haber notado grandes cambios en toda esta temporada y, claro, un artículo de cinco líneas es, indudablemente, demasiado corto. Habrá que comentar las cosas que no se han hecho, para lo cual reviso el decálogo que, como hiciera Moisés a los judíos, nos presentaron a nosotros los entonces candidatos de IU. Me detendré en el primer punto, que hace referencia a la necesaria transparencia en la gestión municipal.

Durante toda la campaña electoral se hizo mucho hincapié en la gestión urbanística del anterior equipo de gobierno municipal y en la necesidad de aclarar ciertos puntos oscuros de la misma. Por tanto, nos preguntamos qué se ha hecho o se está haciendo al respecto. Es posible que, a pesar de todo lo que se dijo en su momento, se crea ahora conveniente correr un tupido velo sobre el asunto pero, en ese caso, tendrían que explicar el cambio de criterio. Es posible que se esté haciendo o se haya hecho ya una investigación exhaustiva aunque nada de esto haya trascendido al público. En ese caso, no vemos por qué no se crea una comisión de investigación en toda la regla y se sacan a la luz todos los datos. Es evidente que si existe alguna irregularidad o, incluso, si hay sospechas fundadas de que exista los ciudadanos tenemos derecho a saberlo y si después de todo el proceso no aparece nada, que nos lo digan también.

Al final va a resultar cierto eso de que con el poder pasa lo mismo que con los coches de lujo: cuando estás afuera, intentado atisbar el salpicadero, los asientos y los que los ocupan, prefieres que las ventanillas sean totalmente transparentes, pero, en cuanto compras un «haiga», empiezas a desarrollar una clarísima preferencia por los cristales tintados.