DESCUBRIENDO LA AMPLIACION

Con la ampliación del Museo de El Prado se cierra uno de los itinerarios más asombrosos de la actividad de un arquitecto contemporáneo sobre el espacio urbano de Madrid. Los últimos 30 años del eje Prado/Castellana cuentan con intervenciones diversas de Moneo, siempre dispuesto a trabajar en lugares extraordinarios, en momentos clave y con planteamientos capaces de marcar una tendencia sutil e inesperada. Los edificios de Moneo no pasan de moda.

El Paseo del Prado ha sido para él una pasión acaso inconsciente, pero intensa y perdurable. En 1976 situó un hermoso edificio asomado sobre un palacete decimonónico, la sede de Bankinter. Moneo, además de respetar el edificio existente, levantó una obra nueva en el fondo de la parcela, en un diálogo conceptual con el pasado. Su actitud posmoderna tuvo una influencia ejemplar.

Con un sentido común cargado de aplomo y capacidad para trabajar a contracorriente, en 1979 ganó el concurso para la ampliación del Banco de España con un proyecto contextual que, partiendo del respeto por el edificio original huía del protagonismo y se ponía al servicio de la ciudad histórica. Tras 28 años, se incorporó discretamente a la esquina noreste del volumen.

En 1984, Moneo se enfrentó a la ampliación de la estación de Atocha con un difícil reto: integrar la histórica nave en un conjunto de piezas actuales. El acierto en la escala y la diversidad volumétrica y material generó una secuencia urbana llena de maestría.

En el Museo Thyssen-Bornemisza, de acuerdo con su idea de que «la arquitectura está para resolver problemas» realizó un espléndido juego de composición en el interior del antiguo palacio de Villahermosa.

Finalmente, cuando se convocó el concurso internacional para la ampliación de El Prado, Moneo participó con un proyecto sugerente que resultó elegido entre los 10 finalistas. En la segunda fase, con condiciones más restrictivas de trabajo, Moneo afinó su trabajo y logró el premio con un proyecto más valioso aún. Después, soportó la oposición de sectores minoritarios con habilidad.

El Prado de Moneo, capaz de atraer la atención mediática antes de ejecutarse, ya es realidad. Desde su apertura ha conseguido que el interés por conocerlo se extienda a la Galería de Juan de Villanueva, el edificio antiguo mejor de Madrid. Como en otros encargos suyos, la pieza invita a admirar la arquitectura preexistente, parece acompañarla desde siempre. El maestro acomete la difícil incorporación externa separando su edificio con el cosido de un jardín de boj, una alfombra olorosa extendida ante un nuevo pórtico que anuncia con las hermosas puertas de Cristina Iglesias el contenido artístico.

Moneo lleva más de 30 años percibiendo la fuerte atracción del mejor espacio urbano de Madrid, en el que ha situado sus intervenciones hasta conseguir enlazar su obra con la de los grandes. Moneo ha logrado desde el ejercicio libre de la profesión más presencia que cualquiera de los arquitectos reales. Un privilegio para Madrid, ya que se trata del mejor arquitecto de nuestra historia.

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