EL RUNRÚN
Puede que las encuestas aún no lo reflejen, pero es evidente que el colapso de los transportes provoca un incremento salvaje del tiempo dedicado a desplazamientos, y eso repercute en el tiempo diario que dedicamos a la lectura. De hecho, no se me ocurre una campaña más eficaz de fomento de la lectura que la liderada por la cada día más popular ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Tantos años invirtiendo a troche y moche en las insípidas campañas del Ministerio de Cultura y ahora resulta que bastaba con pedir a Villar Mir que perpetrase obras públicas para que nos lanzásemos en masa a leer obras privadas. Además, cabe agradecer a la ministra que, por una vez, haya concentrado toda la acción de su ministerio en Catalunya. Ya era hora de que de las palabras pasásemos a los hechos, y quien dice hechos dice desechos. Lo estamos comprobando estos días: cada socavón crea un lector, cada hora de retraso es medio libro leído y en cada transbordo se forma un grupo de lectura capaz de hacer una valoración crítica completa de las obras escogidas. Hay quien todavía atribuye esta campaña de fomento de la lectura al azar, o al mal fario, cuando es evidente que todo ha sido minuciosamente planificado desde hace años, tal vez décadas. Cabe reconocer, pues, que el mérito no debiera ser patrimonio exclusivo de doña Magdalena, pero en política la memoria es efímera, por más leyes que le dediquen, y ella será quien se lleve los laureles por esta exitosa campaña de fomento de la lectura que nos tiene absortos en vagones, andenes, transbordos y autocares.
Puede que lo más visible de la campaña de Fomento sean los colapsos ferroviarios, pero éste es sólo uno de los aspectos de la operación Magdalena. La campaña va mucho más allá de los socavones tragavehículos o del andén oscilante de Bellvitge. La siempre aguda Isabel San Sebastián dio en el clavo al relacionar en TVE los desastres ferroviarios en Catalunya con las inversiones en la feria de Frankfurt. Pues claro. Aún se quedó corta, porque a la promoción de los autores catalanes en Frankfurt se une ahora el complemento ideal: la promoción de los autores extranjeros que sitúan sus obras en esta Catalunya cada vez más preparada para dedicar muchas horas a la lectura. Sin ir más lejos, el martes pasado se presentó en Vilafranca del Penedès la última novela de Noah Gordon: El celler / La bodega (Roca editorial). En ella se narra la historia del viticultor catalán Josep Álvarez, en un guiño indiscutible a la ministra. El Álvarez de Gordon se instala en Sitges (otro guiño, puesto que en Sitges el índice de retrasos, ergo de lectura, ha subido más) tras descubrir los secretos del vino en el sur de Francia. Gordon sitúa su trama a finales del siglo XIX con un abanico de temas candentes, desde la gran crisis en Catalunya de la plaga de la filoxera (otra metáfora) hasta el cambiante papel social de la mujer (otro guiño). Como sabrán, Gordon es uno de aquellos novelistas cuyo nombre conocen incluso quienes no leen. Títulos como El rabino,El médico o El chamán han decorado las librerías de aeropuertos, estaciones y apeaderos. El celler sale para convertirse en el gran best seller de la campaña de Fomento.
La novela de Gordon deberá competir con otras obras. Por ejemplo, con La ciudad de los secretos,de la novelista inglesa Patrice Chaplin, que sitúa el Santo Grial en la ciudad de Girona. La novela de Chaplin también forma parte de la campaña de Fomento. Lo prueba que la edite Ediciones El Andén, cuyos responsables inauguran con la traducción catalana - La ciutat dels secrets-su sello en catalán Edicions L´Andana. Todo sea por el fomento de la lectura.
MariusSerra@verbalia.com

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