Quién tendrá que sacarle las castañas calientes a la depauperada y congelada Piongyang, y a este estólido y demente Kim Jong Il? Ya se percibe en sus vigilantes escarceos últimos: Estados Unidos. Esa dictadura, la norcoreana, y la cubana, las más inmóviles y miserables, policiacas, como mínimo debido a su larga ejecutoria, del universo comunista subsistente. Cuba, que también caerá como una fruta madura en manos de Washington, los cubanos no piensan en otra cosa, sean castristas o no, el ensueño del dólar es lo único que anima sus vidas. Hasta de ese Fidel renqueante o agonizante sólo se sabe que piensa en Estados Unidos, y más como complemento (¿qué sería de él sin el enemigo por excelencia?) que como preocupación.

Luego está China, que medio se salva o bracea con ambivalente brutalidad y eficacia, luchando contra los hábitos comunistas, pero sin atreverse o sin poder barrerlos para que el tinglado personal de los dirigentes y estatal no se derrumbe. Y esto con el país sumido en las catástrofes medioambientales típicas de esas naciones bajo la égida de Marx, pues lo supeditaron todo al desarrollismo fatalmente dirigista, aboliendo desde la libertad personal hasta la salud ambiental. Y bien, ha sido igualmente la vía americana, como creencia y alianza, la que cuenta allí en la hora intentar salir del marasmo. Recuerdo cómo hace 30 años el príncipe Norodom Sihanuk de Camboya, exiliado en Pekín y amigo de Deng Xiaoping, me contaba que éste, al volver de su entonces célebre viaje a Estados Unidos, le dijo: "Su sistema es el único que funciona, y si los japoneses han logrado importarlo, más lo haremos nosotros, que somos mejores".

Y hablando del medio ambiente, también recuerdo la degradada tristeza que pesaba sobre la Alemania del Este, ¡que en la época entusiasmaba a una Barcelona engreída en su falta de carácter político! La RDA, con sus voceados éxitos deportivos como escaparate. Y que, me cuentan ahora en Berlín, escondía una de las realidades más horribles que imaginarse puedan. Así, el Comité Olímpico del país anuncia que indemniza a 157 antiguos atletas comunistas con 2,9 millones de euros, pues ellos y diez mil más fueron drogados, engañándolos, por las autoridades para que batieran grandes marcas. O sea, que los atiborraron de esteroides anabolizantes, "judías azules", los llamaban, y que por ello padecieron cáncer, sufrieron trastornos mentales y óseos. Lo que en las mujeres se convirtió además en masculinización física, abortos, concepción de criaturas ciegas... Una de esas campeonas, Ines Geipel, se ha convertido en escritora y adalid mediática de la denuncia del escándalo, que aún no ha concluido su investigación ni reparación.

Y precisamente China, ante los Juegos Olímpicos que se le han concedido, intenta a la desesperada limpiar la multicontaminada atmósfera pekinesa y disimular también sus dopajes atléticos. Y su falta de los más elementales derechos humanos.