Los últimos datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) alargan la esperanza de vida de los españoles por encima de los 80 años y nos sitúan a la cabeza de los países de la Unión Europea. Acostumbrados como estamos a aparecer siempre en la cola de todas las estadísticas comunitarias, no deja de ser un consuelo que en algo tan importante como el vivir más tiempo nadie nos tenga que venir a dar lecciones y se pueda asegurar, estadística en mano, que el nuestro es el país más longevo. Además, incluso, nadie se podrá molestar en el resto de España: los catalanes no son los que más viven, ya que este lugar lo ocupan los navarros y los madrileños, un equilibrio perfecto en este complejo mundo de la España territorial en el que muchos acostumbran a fijarse en cualquier detalle y no con nobles objetivos. Más allá de estos detalles, la evolución de los datos de esperanza de vida obliga a preparar al país, según las proyecciones demográficas que se deben hacer, para un crecimiento exponencial importante de las personas de más de 80 años. En estos momentos, alrededor de dos millones de personas superan esta edad y es el grupo de edad que más crece. Preparar todas estas necesidades de atención a medio plazo va a obligar a prever gastos extraordinarios en la atención sanitaria y farmacéutica. También, obviamente, a abordar, aunque no se modifique, todo lo relacionado con la edad de jubilación, como ya se han planteado otros países de nuestro entorno. Más bien pronto que tarde volverá a surgir un debate que todas las administraciones rehúyen y que cuando surge siempre es a destiempo: el copago sanitario.