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30 Octubre 2007

"Son nuestros hijos", de Myriam Josa en La Vanguardia

Los kurdos de la montaña no ven al PKK como terroristas

"Claro que conozco a los de las montañas, los conozco a casi todos. El PKK son mis hijos", dice desafiante Sakine Arat, una anciana que perdió a tres de sus verdaderos hijos en los años de plomo - de 1984 a 1999- de la guerra entre el ejército turco y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, declarado terrorista por Estados Unidos, la UE y, claro, Ankara).

Sakine, militante de Madres por la Paz, cuando habla de "los de las montañas", como todos en esta tierra kurda, se refiere a las bases del PKK asentadas en el norte de Iraq, en la zona fronteriza con Turquía. Desde allí unos tres mil milicianos lanzan sus ataques contra los militares turcos. Y es en esa dirección hacia donde el ejército pretende lanzar una gran ofensiva.

Las mujeres que trabajan en la recogida de algodón, en un campo del pueblo de Kabi, cercano a Diyarbakir, se expresan en términos similares a los de Sakine. "La guerrila - adaptan la palabra guerrilla sin pronunciar la elle- son nuestros hijos", dice Hawa. Junto a ella Rengin tercia: "A mí me gusta el PKK". "Son nuestros hijos", repite. Son de las pocas trabajadoras de cierta edad. La mayoría de las 60 recogedoras del campo son muy jóvenes, casi adolescentes, que asumen como algo normal las palabras de sus colegas. Entre algunas de sus familias ha habido muertos o presos del PKK.

Tras largo rato hablando de la guerrila,abordan un tema interesante, indicativo de las deficiencias económicas de la región kurda. Fatma explica, mientras llena un saco de algodón, que las semillas - las muestra sacándolas de una bola de algodón- se quedan en Diyarbakir para producir aceite.

Pero agrega que la materia prima se envía a Estambul o al oeste del país, "donde fabrican el hilo y los tejidos". "Podrían levantar las fábricas aquí para dar trabajo y riqueza", se lamenta. Luego un grupito que come a la sombra de un carro nos invita a probar unas excelentes salsas caseras.

No lejos de allí, en un paisaje idílico cerca del río Tigris, en el café Dilek Cesme, bajo un techo de enredaderas, son hombres los que recordarán historias del PKK y mostrarán su contrariedad por la posible gran intervención en el norte de Iraq. Hagi Hasan, un jubilado que había trabajado en el matadero, habla de sus dos primos del PKK muertos hace tiempo en combates; de sus tres hijos "bien preparados, pero en el paro", o de "la falta de inversiones en la región". "Si se produce el ataque al norte de Iraq, todo se deteriorará más... Lo que necesitamos es reconocimiento de nuestros derechos, lengua, cultura, educación, televisión en kurdo (sólo hay permiso para cuatro horas semanales)... E inversiones para frenar el paro y llegar a la altura del resto de Turquía...", dice Hasan. Así repite las tesis del Partido de la Sociedad Democrática (DTP, kurdo legal), formación a la que dicen votar los presentes.

De hecho, los objetivos del PKK y del DTP son similares sobre el papel. El PKK renunció en 1999 a plantear la independencia y habla de lograr una república turca democrática. El DTP propone una federación democrática y está en contra de la lucha armada, algo que lo diferencia del PKK. Los detractores turcos del DTP aseguran que este partido depende totalmente de la formación armada.

Todos, Hasan y sus compañeros, que juegan a algo parecido al dominó, conocen a algún chico que está en las montañas. "En invierno algunos bajan por poco tiempo a sus pueblos, arriba hace mucho frío", dicen. "En tiempos de la guerra había soplones, ahora casi no los hay", agregan.

La mayoría de los kurdos está con la línea del DTPy contra la violencia, pero contradictoriamente no reniegan, en general, del PKK. Estas gentes son el latido del PKK. Mientras la población del Kurdistán turco se sienta discriminada, el PKK o algo de él pervivirá.

Pese a que ciertas reformas políticas y económicas de los últimos años han mejorado bastante su situación, los kurdos turcos quieren pleno reconocimiento de su identidad y medidas económicas para la región. Quizás con ello el PKK se quedaría sin bases, pero eso no parece estar a la vuelta de la esquina. Los kurdos, aun temiendo el retorno a los años duros si hay una intervención en el norte de Iraq, no quieren perder la esperanza y confían en que sólo habrá escaramuzas más o menos fuertes.

Tags: myriam josa

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