EL APUNTE

Le fue necesario tener el agua al cuello con el peligro de hundimiento de, al menos, 15 edificios del Gornal para que el presidente Zapatero se diera cuenta de que estaba metido en un gran lío.Junto a las grietas que no han parado de salir desde hace meses y que EL MUNDO denunció el pasado viernes, el trayecto a su paso por Bellvitge también ha mostrado la cara más fea de las grandes obras de ingenierías. Tiempo y seguridad son los dos términos que, tras la experiencia, parecen fundamentales. Y son esas dos palabras las que han faltado de forma definitiva en esas obras.Zapatero sabe que se juega unas elecciones. Y también sabe que la sinceridad le ha funcionado con el elector catalán aunque después no cumpliera. El presidente vuelve a jugársela y se pone la medalla de la crisis. Y asume su culpabilidad, que es total.Además de ser verdad, este tipo de acusaciones acostumbran a ser rentables electoralmente. Por ello no dejó ayer pasar la oportunidad. Su presencia en Bellvitge y Gornal recibió división de opiniones. Pero el presidente no cambia. Sigue prometiendo aquello que no sabe si puede cumplir.

alex.salmon@elmundo.es

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